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sábado, 26 de marzo de 2011

Viso del Marqués, Ciudad Real y Castillo de Calatrava

En materia turística no hay que moverse muy lejos. A veces, algunas veces, el viaje es sólo un paseo a la vuelta de la esquina. Un conjunto de sensaciones visuales, táctiles, gastronómicas y de amistad que te envuelven de esa capa protectora necesaria para dar sentido a una vida, por lo demás, demasiado rutinaria.
En este caso, hemos visitado un palacio de la Armada en la Mancha, hemos conocido los procesos de producción de quesos y vinos, hemos aprendido el maridaje y visto un Castillo

Punto de encuentro: Casa Pepe y... directos para el Viso del Marqués

Viso del MarquésEspaña — sábado, 5 de marzo de 2011
Cuando el grupo es numeroso y la procedencia dispersa, como es el caso, convenía quedar en un lugar conocido y de fácil acceso. El Riesgos, que en este caso era el organizador, optó por convocarnos en Casa Pepe, un lugar conocido por la militancia ideológica del dueño y por la cantidad de reliquias que alberga, pero, para nosotros era un lugar donde el servicio es bueno y se puede desayunar bien junto a una chimenea.

La asistencia fué puntual y en poco rato habíamos retomado la marcha hacia un lugar de la Mancha donde se encuentra lo que ha sido durante muchos años un edificio de la Armada: el Palacio del Viso del Marqués, que fue edificado por un invicto almirante de la Armada, llamado Álvaro de Bazán. Un caballero de ascendencia navarra, de familia marina (su abuelo fué almirante con los Reyes Católicos, su padre con Carlos V y él con Felipe II) y perteneciente a la poderosa Orden de Santiago. Gozó de los favores reales debido a sus éxitos militares (precísamente cuando murió estaba preparando la partida de la Armada Invencible). Su capricho fué edificar un palacio de planta cuadrada con un amplio patio interior porticado, traerse a una familia italiana de pintores genoveses, y decorarlo con motivos de sus victorias y los fanales que requisaba de las naves capitanas de las armadas vencidas, así como escenas mitológicas del imperio romano que sus pintores italianos conocían muy bien.

El edificio tiene dos alturas y contrasta notablemente la austera visión del exterior enladrillado, plano y con pocos ventanales, con la elegante apertura de habitaciones hacia el soleado patio interior. El edficio sobrevive de milagro a desastres naturales como el terremoto de Lisboa y a otros humanos como su abandono durante la Guerra Civil, su utilización como granero y la pérdida de muchas de sus pinturas que, para mí, no son preciosistas, pero al menos son únicas e históricas. Finalmente, la Armada se hizo cargo de la restauración en los años 50 y, aportando mobiliario y algunas preciosas maquetas de barcos, lo ha convertido en una especie de isla arquitectónica e histórica que sobresale en muchos kilómetros a la redonda. La familia Bazán conserva la propiedad a cambio de una peseta anual y del privilegio de contar con una habitación para poder alojarse en cualquier momento. Queda mucho por restaurar, pero sin duda constituye un emplazamiento ideal para saborear un trozo de la historia de nuestros antepasados en aquellos tiempos en que "no se ponía el sol en nuestro reino".

Y ya que estábamos, quién no se acerca a la iglesia de al lado y se deja informar por un Sacristán voluntarioso de 85 años que termina tocándonos algunas canciones en el órgano y nos muestra el cocodrilo disecado que hay en una de las paredes laterales.

Desde la oveja al rico queso manchego...Tomamos las de Villadiego

Ciudad RealEspaña — sábado, 5 de marzo de 2011
En la mezcla está la virtud, así que decidimos apropiarnos de los olores y sabores genuinamente manchegos. Para ello nos dirigimos a una hacienda-aldeilla llamada la Poblachuela, sita en el paraje de Villadiego y que cuenta con una ganadería ovina de 5000 ejemplares, 25 trabajadores y unas pocas hectáreas que producen más de 250.000 kilos de artesanal queso manchego en sus variedades de semicurado (3 meses), curado (6meses) y añejo (12 meses): la Quesería Villadiego, cuyo encargado nos mostró gentilmente todos y cada uno de los pasos que sigue la leche hasta que se convierte en este ingenioso e inigualable producto manchego.

Calidad, ordeño diario, higiene y control son los parámetros de una industria compleja que requiere dedicación y gente enamorada. Finalmente, compramos algunos quesos con buena relación calidad-precio y nos dirigimos al centro de Ciudad Real para tapear, comer y tomar café. Las tapas en el Bar Miami, la comida en el Bar España y los pastelitos y el café en la pastelería La Deliciosa, ésta última en la misma plaza del ayuntamiento. Desde allí iniciamos después la corta visita al centro de Ciudad Real. A saber, la catedral, el reloj de la plaza del ayuntamiento que muestra a cervantes, al quijote y a sancho a las horas en punto y alguna que otra plaza.

El último paseo en busca de los coches para dirigirnos hacia la Bodega-Restaurante-Hotel Pago del Vicario.

El Pago del Vicario: el presente de la industria manchega del vino

Ciudad RealEspaña — sábado, 5 de marzo de 2011
La Bodega-Restaurante-Hotel Pago del Vicario se presenta a lo lejos como una amplia superficie de viñedos reticulada y compartimentada en distintas variedades de uva y separada por un rio serpenteante de una zona de caza salteada de encinas centenarias. En el centro de este paraje y en una colina se ubica el hotel y la industria vinícola aprovechando el aterrazamiento del terreno para magnificar los espacios y la presencia de luz. Un edificio que, a lo lejos, asemeja un catalejo de tonos óxidos y, cuando estás dentro, se muestra como una sucesión de gigantescos barriles de madera superpuestos.

Carlos, el gerente del complejo, nos esperaba y, tras tomar posesión de nuestras habitaciones funcionales y modernas, se ofreció a mostrarnos los intestinos del proceso productivo. Limpieza, higiene y control son los parámetros de un proceso de una mediana industria vinícola que produce casi un millón de litros de vino, del cual se exporta el 60%, a lugares tan variados y entendidos como california o singapur.

En dos meses recogen la uva a 20 toneladas diarias, eligiendo mediante controles "in situ" de un laboratorio portátil de análisis espectográfico aquellos racimos que se encuentran en el momento idóneo. Clasificada por variedades, se recoge a partir de las seis de la mañana para aprovechar los momentos de mayor frio del zumo. A partir de aquí se traslada a la tolva, se exprime y se introduce en barriles de acero refrigerados (a distintos grados en función de la variedad recolectada).  Se retiran los posos y se procede a la fermentación del mosto. Más adelante se almacenará en barriles de roble americano, francés o caucásico y, finalmente se embotellará. Todo en unas cavidades refrigeradas y con baja exposición a la luz.

Y el último paso de todo este proceso es la cata del caldo. En esta ocasión nos ofrecieron un vino blanco producido por esta bodegas en El Bierzo. Excelente elección. Y sin solución de continuidad, nada más que subir unas escaleras en espiral y llegamos al restaurante, desde el que se podían observar algunos de los barriles y embotellados. El restaurante es un espacio abierto, acristalado y moderno.

A la hora de la cena la gran mesa estaba preparada. Un muestrario de copas y cubiertos para cada comensal que, poco a poco, demostraron que no estaban de adorno. El maridaje fué imparable: un vino y un plato, unas risas y unas fotos, y vuelta a empezar. Brindis, vinos, consomé, pescado, cordero y dulces. Y, para garantizar un intercambio enriquecido de conversaciones, aislamos a cada uno de sus respectivos congéneres. Finalmente, un digestivo y vuelta, en armonía, al hotel (veinte pasos más allá).

En fin, un día inolvidable en todos los aspectos, aunque el mejor es el que no se ve: una ocasión más para estrechar lazos de amistad.

Del Pago al Castillo de Calatrava y vuelta

La Calzada de CalatravaEspaña — domingo, 6 de marzo de 2011
Nuestros temores de que el maridaje de la noche anterior pudiera producir cierto malestar corporal, se difuminaron al día siguiente, porque todos nos encontrábamos bastante bien. Bueno, tal vez un poco sedientos.....

El desayuno de tostadas con aceite, tomate y jamón, el café y los zumos, fueron suficientes para recargar las pilas de cara al último día del viaje.

Antes de dejar el hotel nos dispusimos a dar un buen paseo a pie por la finca, disfrutar del fino aire invernal, del paisaje contrastado entre las encinas y las viñas, separadas por el rio, y de las vistas de la arquitectura de la Bodega desde el horizonte.

Algunas fotos para el recuerdo y, de nuevo, puesta en marcha en dirección al Castillo de Calatrava. Un impresionante enclave a modo de ciudadela autosuficiente, capaz de albergar a un amplio grupo de habitantes y ubicado en uno de los más importantes pasos naturales entre Andalucía y La Mancha. Merece la pena pasear por las murallas, subir a lo más alto y tratar de imaginar cómo era la vida de estos seres medievales que conquistaban y eran reconquistados cada pocos años. Y todo ello con órdenes de caballeros como El Cister, que luego dió pie a la Orden de Calatrava. El rey daba privilegios y propiedades, y los más aguerridos ocupaban los puestos de frontera.

Y si alguien piensa que esto habia terminado, no puede imaginarse que nuestros organizadores nos deparaban una im-presionante comida en una casita rural de Venta de Cárdenas, en la que pudimos disfrutar de la mejor gastronomía manchega (desde gachas-migas hasta la flor de calatrava, pasando entre otras cosas por el queso y el vino manchego). La comida fue amenizada por el brindis de una representante del clero y por las vistas y el aroma de las inmediatas estribaciones de Sierra Morena.

No nos quedaba más que dar efusivamente las gracias y volver a nuestra rutina, a la espera de que otra alma se apiade de nosotros y organice un nuevo viaje, pongamos por ejemplo.... a Rota, a Madrid o a Cabo de Gata.

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