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sábado, 26 de marzo de 2011

Tres días en Cracovia

Será, tal vez, la única gran ciudad de Polonia que no ha sufrido los efectos de los recientes conflicto europeos. Es una oportunidad de ver el pasado de una zona europea llena de historia. Religiosidad, misticismo, leyenda y la profunda huella del odio nazi. Eso no quita para tomarse con humor el viaje.

Fase de despegue: La idea

JabalcuzEspaña — jueves, 1 de octubre de 2009
Pues eso, que como el que no quiere la cosa, como el que no da puntada sin hilo, pues que como los ecos de Malta se apagaban y la presión de los amigos aumentaba...nos pusimos manos a la obra, lanzamos el dardo y... se clavó en Krakow.  ¿Para cuando? hombre, pues para la feria de San Lucas.

Así que el destino y la fecha ya estaban elegidos, ahora quedaba la tediosa tarea de organizar tediosas reuniones gastronómicas en nuestra sede social (Daniel 3) para poner de acuerdo al grupo sobre el lugar de salida (Málaga), la cena y estancia previa en Torremolinos (que hace tiempo que no íbamos por allí), los horarios y el párking (dudas entre San Isidro y parkingred).

Los viajeros para esta aventura son 18, a saber: en la jerga de nuestro grupo tenemos, por un lado, los patanegras, que son los que nunca fallan a un viaje (pepetourianos, pichirichis, amigos de los animales, los de la peña y los malos ) , reenganchaos, que han venido alguna vez (los riesgos) y novatos, que se estrenan en este (los quesadas, los del norte y los granainos).

Tres comidas en el Daniel 3 y, como siempre, "...que lo hagas tú, que los demás ya somos mu mayores pa estos trotes.." Cita textual. "Ah¡ y encarga unas camisetas chulas con dibujo alusivo"...Ea, por pedir que no quede.

Cena y botellón en Benalmádena

Benalmádena CostaEspaña — sábado, 23 de octubre de 2010
Gracias a que los Quesadas tuvieron la amabilidad de compartir su pisazo
de protección oficial con piscina, nos pasamos el viernes a cenar en
"El Capricho" un buen pescadito a buen precio, con una camarera que
estaba igual que hace quince años y que nos invitó a chupito. Después de
un paseito a 24 grados decidimos hacer botellón en la terraza del
pisito, dando cuenta de los licores del mueble bar.
Se puede decir que dormimos, pero el caso es que a las cuatro de la
mañana nos pusimos en marcha y a las 4:40 a.m. ya estábamos en el
Parking San Isidro, donde se incorporó la otra mitad del grupo. Desde
allí nos trasladaron al Aeropuerto donde, sin incidencias, sin
aparente presencia policial y con toda la tranquilidad del mundo que
supone vivir en este país, nos pusimos en manos de ryanair.

Sheraton y Wawel

CracoviaPolonia — sábado, 23 de octubre de 2010
Llegada sin incidentes, puntualidad y el típico "tararí" de la compañía aérea. A la salida nos esperaban con puntualidad polaca los dos conductores con el letrerito "pepetour" y, una vez separados varones de hembras, nos desplazamos al hotel. Localización excelente, al pié del castillo y ambiente agradable.

Marga, nuestra guía licenciada en filología hispánica nos llevó a pie hacia el castillo de Wawel, explicándonos la azarosa vida de esta ciudad y del país en su conjunto, desde las nada amistosas invasiones suecas (llegar, aniquilar, robar y volver) hasta su posición estratégica entre imperios y naciones poderosas, según qué siglos. Pero bueno, lo que no hay que olvidar es a Casimiro el Grande (que fundó muchas ciudades y era muuuuuuuuy mujeriego) y a los jagelianos. Vimos los huesos del dragón en la puerta de la catedral y la estatua de J.Pablo II. La colina es una yuxtaposición de edificios religiosos y militares, donde destaca el patio de armas y la catedral. Es de suponer que en sus inicios estuviese rodeado por agua por todas partes menos por una (la de arriba). Interesantes los sanitarios que sobresalen de la torre.

Desde este momento pudimos apreciar la belleza de esta ciudad, cálida a pesar del frío, con vendedores ambulantes de panecillos típicos, y muuuuuuuuuy religiosa (más de 140 iglesias).

Nos llevaron al Colegio Mayor más antíguo de Polonia y, después, a la plaza medieval más grande de Europa. En este punto cabe decir, que tan sólo por ver esta plaza, vale la pena ir a Cracovia. La iglesia, la torre y el mercado im presionantes¡¡¡.

El remate de la mañana lo puso Marga llevándonos a un restaurante típico en el que nos reservó un habitáculo decorado con paredes pintadas con libros y cosas antiguas. La comida típica empezó por una sopa excelente, mucha cerveza Zywiec y finalizó con algo de Wodzka.

Breve descanso en el hotel para recuperarnos del frío y salida para las Minas de Sal. Esta es de esas veces en que piensas: "vaya tontería, venir tan lejos para ver unas minas". Pero nada mas llegar y ponernos a bajar unas escaleras de madera interminables, nos dimos cuenta de que aquello era algo diferente. En efecto, 300 kms de pasadizos, en absoluto estrechos, con iglesias enormes, capillas, salas de 40 metros de altura, lagos, salones de bodas (todo en paredes de sal) y una decoración que no envidiaba nada a las de cualquier iglesia de Cracovia. En fin, que si no tienes claustrofobia, te asombrará todo, hasta el ascesor de subida. Y recuerda, el microclima de estas minas alarga la...................................................
la vida, bueno a lo mejor lo otro también.

De vuelta al hotel y búsqueda de un lugar para cenar, en este caso nos decidimos por Nieba, un Kebab donde ofrecían pizzas de buen tamaño y cerveza. La noche terminó en el pub del hotel viendo un partidito de fútbol y tomando un wodzka.

Rio Vístula, paseo tranquilo y hasta un coro en español

CracoviaPolonia — domingo, 17 de octubre de 2010
Comienza la mañana con un desayuno buffet y, en pocos minutos, ya estamos en marcha. El grupo se divide en dos. Una parte decidió madrugar y armarse de valor para conocer uno de los pasajes más negros de la historia de la humanidad: el genocidio o el holocausto, tanto monta monta tanto. Se desplazaron a Auschwitz y Birgenau donde quedaron más que impresionados, yo diría que sobreimpresionados, marcados, por la historia, las imágenes, los interminables pabellones y los relatos escalofriantes. Y en el fondo un idea sobrecogedora: "cómo un pueblo es capaz de humillar hasta el exterminio a otro, y en lugar de reconocer la atrocidad, mantener el odio y la falta de remordimientos". En fin, hay aspectos de la naturaleza humana que subyace como sentimientos ancestrales de carácter tribal y que difícilmente afloran, pero que determinados regímenes totalitaristas han sabido aprovechar a lo largo de la historia.

El segundo grupo comenzamos con un paseo serpenteante por la rivera del Vístula, plagada de palomas (que los cuervos que hacen Krak son historia del pasado). Foto en el dragón que echa fuego y avance hacia el barrio judío (muy abandonado, la ausencia de propietarios reales dificulta el mantenimiento y rehabilitación) pero con su encanto.

Las calles con muy poco tráfico, por lo menos en esta zona, y los tranvías de todas las épocas. Muchas iglesias y mucha vocación. Lo judío queda como algo del pasado, sólo 150 judíos censados en Cracovia en 2010. El frio fustiga nuestros apéndices (léase orejas y nariz). El barrio tiene su encanto y permanece inalterable como hace un siglo, al menos. Pequeños cafés con músíca al piano en directo, bares lúgubres y decorados en colores cálidos como las iglesias, algunas reminiscencias del reciente pasado comunista y mercadillos de segunda mano que vendían cosas de muy escaso valor (una foto antigua, una postal, juegos de te incompletos, pitilleras, unos guantes, unos zapatos, ropa, un enchufe...lo más valioso podía ser un relog de pared o un escritorio antiguo). Las casas judías son espartanas, como las sinagogas (eso sí, los hombres por un lado y las mujeres en la parte de atrás de la sinagoga y tras una cortina).

Volvimos al centro, en busca de la plaza Ryneck. Destaca el campanario de la iglesia de Santa Maria. Ya sabes, ese donde los dos hermanos compitieron por la torre más alta y uno mató al otro y luego se suicidó, quedando el cuchillo como recuerdo en la entrada de la plaza del mercado. Este campanario también se conoce como la torre Hejnał (porque un trompetista toca desde la parte superior cada hora el Hejnał mariacki en recuerdo de su antepasado que murió a causa de las flechas que lanzaba el enemigo Tártaro en 1240 mientras daba la alerta). El trompetista dirige su melodía a los cuatro puntos cardinales para marcar las horas y la interrumpe en la misma nota en la que fue interrumpida por una flecha tártara.

Las primeras notas del toque suenan en dirección al castillo de Wawel en homenaje al rey; después, el trompetista se vuelve hacia la Torre del Ayuntamiento para honrar a los concejales de la ciudad; a continuación, se gira hacia la Puerta de San Florián para darles la bienvenida a los nuevos huéspedes (o sea, nosotros) y finalmente se vuelve hacia la Plaza del Mały Rynek con el fin de tocar para los mercaderes y los habitantes de la ciudad.
Es una de las atracciones turísticas de la ciudad, es una melodía muy bonita y se escucha sin necesidad de estar en la misma plaza, especialmente de noche.

El español está muy presente en la cultura de la ciudad, así lo atestiguan el instituto Cervantes y alguna librería española junto a la Iglesia de Santa María. La plaza y la Iglesia permiten conocer rápidamente el carácter polaco (ciudad segura, gente amable, abierta, un poco fríos como el clima y con una religiosidad acentuada).

El clima obliga a hacer un alto de vez en cuando una cafetería y, ya casi a medio día, nos dirigimos al Restaurante Cavalería (recomendado por Marga), muy cerca de la plaza, donde la gerente nos prepara e imprime un menú personalizado y nos prepara una bonita sala con chimenea donde, después de comer y beber al gusto en una mesa con velas y un servicio personalizado, rematamos el asueto con un bue trago de Wodzka caramelizado.

La tarde del domingo nos permitió deambular tranquilamente por la ciudad, visitar joyerías y ver iglesias, murallas (sobresale el palacio de la ópera como edificio singular y exento, y por su limpieza arquitectónica) , puertas medievales (con unos bonitos y eróticos apósitos para atar los caballos o evitar que los carros dañen la piedra de los portones) y un gran centro comercial en el extrarradio de la ciudad vieja. Muchos locales de vida nocturna, porque se ve que el polaco también gusta de salir en busca de compañía. La misa en Santa María nos permitió distrutar del buen gusto decorativo y de la calidez de los ocres, azules y dorados. Iglesias estrechas por su altura, con estrellas doradas en el techo, dando una sensación de encontrarte en una realidad alternativa. La iglesia llena a rebosar, no de gente mayor como en España, sino de parejas jóvenes. Y puedo asegurar que no fueron para ver el concierto del extraordinario coro noruego que nos deleitó con preciosas canciones y la última, no sabemos si dedicada a la mitad del auditorio que eramos los españoles y que estábamos sentados como reyes en el coro, en español.

El remate lo puso el restaurante Miel y Vino (recomendado por Dory, la guia de Auschwitz). Música en directo, comida medieval (menos mal que aunque éramos 18 pedimos comida para 10, y eso que venían dos o tres que hay que echarles de comer aparte). Total que entre chistes picantes y risas hilarantes, se acercó un camarero vestido a la usanza medieval (con pluma en la cabeza) y nos plantó medio tronco de árbol lleno de carne variada que pa qué te voy a contar más). La noche terminó, como no podía ser de otro modo,  con un Wodzka fresquito (combustible indispensable para llegar al hotel con premura y sin notar el rocío de la noche en nuestra despejada frente).

Fábrica de Schindler, Steven Spielberg y salidas del armario

CracoviaPolonia — domingo, 24 de octubre de 2010
Nuestra fiel guía Marga nos llevó desde la orilla del Vístula hasta el barrio judío, nos mostró calles, sinagogas, casas, cafés (donde algunos salieron del armario) y cementerios judíos.  A continuación nos llevó por el camino que hicieron los judíos hasta el Güeto al otro lado del rio (el barrio de Podgorze fue el pueblo creado por los austriacos para fundar una ciudad nueva y competitiva con Cracovia durante el primer reparto de Polonia). Desde el puente J. Piłsudski nos fuimos por la calle Józefińska hacia la Plaza de los Héroes de Getto (creado en el 41 y liquidado en el 43) y terminamos la mañana en el Museo Fábrica de Schindler, donde pudimos ver una recreación del ambiente y de las difíciles condiciones de una época de dominación nazi. Una época demasiado cercana como para no sentir un escalofrío al ver de los que somos capaces los seres humanos en nombre de no se sabe qué.

Y ya que estamos en Podgorze (el Gueto) pues buscamos una buen resturante-pizzería que nos puso contentos con unas extrapizzas y un par de cervezas por cabeza. Y, como no podía ser de otra manera, nos invitaron a un Wodzka caramelizado para brindar y posar en las fotos con esas caras de alegría que nos caracterizan.

Ya hartos de casi de tó, salimos a la calle y nos fuimos hacia el parque Bednarskiego, cuya arquitectura está dominada por la Iglesia neogótica de San José del año 1909.  La vuelta a la ciudad la hicimos en un típico tranvía, ocupado por pacíficos y silenciosos polacos, que vieron rota su efímera paz con la entrada al trote de una horda de andaluces,

El resto de la tarde lo dedicamos a ver alguna iglesia gótica con un coro lleno de seminaristas, disfrutar de la tenue iluminación de la ciudad vieja (porque aquí parece que las farolas son un bien escaso) y la última cena se preparó al estilo de mi pueblo, o sea, compras unas chacinas y te tomas unas cervezas y rematas con un espirituoso (wodzka, of course). Y como esta gente parece que no tiene hartura, pues hala a preparar un botellón en la habitación de los marteños. Y como no quiero extenderme más, lo dejamos aquí, la vuelta tuvo un poco de retraso por la huelga de los controladores franchutes y volvimos de nuevo al clima soleado del mediterráneo, y como esta gente es un poco inquieta, pues ya están planeando alguna comida-barbacoa para compartir fotos y un nuevo viaje, en este caso, por la Mancha para disfrutar de hoteles, vinos y bodegas en los pagos de la antigua Orden de Calatrava.

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