Prefacio: Controladores en huelga y cambio de avión
Bueno, como salíamos el domingo, estuvimos todo el finde preocupados por las muestras de caradura de los controladores aéreos... que si baja, que si depresión... total que el viernes y el sábado nos daba la impresión de que iba a ser imposible viajar a Edimburgo, máxime si le añades que se estaba produciendo allí una intensa nevada, la más temprana de los últimos 40 años. Pero, ya conocéis el espíritu del viajero, esperar y tener esperanza de que las cosas salgan bien. Así, a medida que el fin de semana avanzaba, fuimos viendo que la mecha de los controladores era corta y que los temporales de nieve tienen sus descansos.
A final de la mañana del domingo nos fuimos para Málaga porque la cosa pintaba bien. Para llenar un poco el estómago qué mejor que tomar unas truchas ecológicas y recién pescadas en Riofrio. Un estupendo mesón con unos precios muy competitivos y un servicio excelente y puntual. Ya con el estómago lleno nos dirigimos a Ikea de Málaga para comprar algún mueblecito accesorio para el salón. En fin, que una vez que habíamos saciado el hambre y el deseo de comprar (instintos básicos de cualquier ser humano), nos dirigimos al parking S. Isidro para dejar el vehículo y luego a esperar en el aeropuerto al vuelo.
Una vez que los controladores y el tiempo dejaron del ser un problema, apareció un tercer riesgo no contemplado inicialmente: después de hora y media de espera nos informa Ryanair que el avión tenía "problemas técnicos imposibles de reparar en tiempo". Así que nos llevaron a otro avión que tenían de reserva, pero que carecía de catering y bebidas. La alternativa era no volar, así que los viajeros no pusimos ni el más mínimo inconveniente. La llegada a Edimburgo fue sobre las dos de la mañana, lo que habría sido un problema en cualquier otro aeropuerto, pero allí Airlink bus opera casi toda la noche y por 3,5& por persona te llevan al centro de Edimburgo (único problema: que no te dan cambio). Pero bueno, como todo viajero avezado, nos juntamos con otra pareja de españoles y una escocesa y cogimos un taxi (caben hasta 6 o 7) y al final nos salió más barato (en total 16&am
. Llegamos al hotel Bank, en plena Royal Mile, donde nos atendió un amable escocés y en menos de cinco minutos ya estábamos en una de las 9 habitaciones del hotel con decoración individualizada (en nuestro caso, la habitación de Mr. Livingstone). Habitaciones algo pequeñas, bien iluminadas, calefactadas y ventiladas, con agua muy caliente y café a disposición. Único inconveniente, que al ser un edificio protegido y que fue un banco a principios del siglo XX, no tiene ascensor. Al día siguiente pudimos ver desde la cama como caía una nevada impresionante en la Royal Mile y la Tv Plana nos informaba de que toda Escocia estaba nevada e incomunicada. Pero nosotros ya estábamos allí, preparados con toda la indumentaria de un esquiador, dispuestos a ver la mejor imagen navideña de Edimburgo.
A final de la mañana del domingo nos fuimos para Málaga porque la cosa pintaba bien. Para llenar un poco el estómago qué mejor que tomar unas truchas ecológicas y recién pescadas en Riofrio. Un estupendo mesón con unos precios muy competitivos y un servicio excelente y puntual. Ya con el estómago lleno nos dirigimos a Ikea de Málaga para comprar algún mueblecito accesorio para el salón. En fin, que una vez que habíamos saciado el hambre y el deseo de comprar (instintos básicos de cualquier ser humano), nos dirigimos al parking S. Isidro para dejar el vehículo y luego a esperar en el aeropuerto al vuelo.
Una vez que los controladores y el tiempo dejaron del ser un problema, apareció un tercer riesgo no contemplado inicialmente: después de hora y media de espera nos informa Ryanair que el avión tenía "problemas técnicos imposibles de reparar en tiempo". Así que nos llevaron a otro avión que tenían de reserva, pero que carecía de catering y bebidas. La alternativa era no volar, así que los viajeros no pusimos ni el más mínimo inconveniente. La llegada a Edimburgo fue sobre las dos de la mañana, lo que habría sido un problema en cualquier otro aeropuerto, pero allí Airlink bus opera casi toda la noche y por 3,5& por persona te llevan al centro de Edimburgo (único problema: que no te dan cambio). Pero bueno, como todo viajero avezado, nos juntamos con otra pareja de españoles y una escocesa y cogimos un taxi (caben hasta 6 o 7) y al final nos salió más barato (en total 16&am
Una ciudad para caminar... aunque esté nevando
Edimburgo, Reino Unido — lunes, 6 de diciembre de 2010
¿Cuál es la primera impresión que me produjo como viajero?. Pues creo que, en síntesis, una sensación muy positiva. La ciudad respira cultura por doquiera, está llena de museos y centros para visitar (la mayoría de ellos de entrada gratuita); la formación geológica de la propia loma ocupada por la Royal Mile y delimitada por el Castillo en un extremo y el Holyrood Palace en el otro, es una excelente composición de un antiguo glaciar, posterior fiordo y finalmente elevación del terreno; se encuentra a 12 kms del aeropuerto, está perfecta para no tener que coger ningún vehículo y poder visitar toda la Old y New Town, los Close le dan un toque misterioso, la piedra en todos sus edificios te transporta a la Edad Media y, finalmente, la gente, esa maravillosa gente que tiene una sonrisa y una palabra amable en cualquier circunstancia. ¡Qué distintos de los ingleses que conocimos en Londres¡
Después de desayunar en el mismo hotel (puedes elegir entre desayuno escocés y continental), nos dispusimos a sentir la nieve sobre nuestras cabezas. Primera parada la Iglesia de St. Giles, con una hermosa distribución, llamativo techo azul y la no muy antigua capilla de Thistle que tiene una mezcla entre un gótico clásico y unos muñegotes mangas reflejo de los diferentes clanes escoceses. El acceso es gratuito, mientras una urna te recuerda que no estará mal si les dejas alguna propina para el mantenimiento del edificio. Como anécdota, resulta llamativo encontrar sobres para donativos en los que puedes rellenar tus datos personales con el fin de que la iglesia remita la información al fisco y te desgrave en tu declaración de la renta.
Después no dirigimos al punto de encuentro de FreeTour, una organización que primero te hace la ruta y luego te pide que des un donativo en función de tu satisfacción por el trabajo realizado. Nuestro guía era Santi, un catalán que había estudiado filosofía, poco versado en el idioma inglés, pero como eramos todos españoles no había problema. Su vocabulario y su capacidad de comunicación nos encantaron y sirvieron para abrir boca de la belleza y de la historia de una ciudad que se antojaba impresionante.
Después de pasar los límites de frío tolerables viendo parte de la Royal Mile, el ayuntamiento (que sirvió para explicarnos el fuerte desnivel del terreno y porqué los edificios tienen por un lado tres o cuatro alturas y por otro hasta diez alturas) y ver el castillo por fuera (la parte interior es un homenaje museístico a los alardes militares del pueblo escocés) decidimos hacer un descanso en la excursión para tomar algo caliente en Grassmarket (alguna que yo me sé se tomó un wisky y le sentó de maravilla). Proseguimos con historias de ejecuciones, del pub "the last drop", la historia de la chica que tuvo un hijo soltera y fue ahorcada y sobrevivió, trabajando en un pub junto a la zona de ejecuciones de Grassmarket, subimos hacia un cementerio que hay frente al museo nacional (en southbridge) y allí nos contaron el calvario que pasaron los firmantes del Pacto de Escocia contra los ingleses en celdas sin techo y en silencio total bajo pena de muerte. La historia de los fantasmas que atacaron a unos americanos y alguna otras historia de unos adolescentes haciendo cosas obscenas con calaveras, de manera que ahora esa parte del cementerio está cerrada. La anécdota del cementerio la pone la lápida del Perro que durante 14 años esperó la vuelta de su dueño fallecido y que fue alimentado por los vecinos. Junto a la puerta del cementerio está un pub con el nombre del perrito, también una estatua nos recuerda la hazaña. Y todo esto no es más que una muestra de cómo un pueblo va creando sus mitos en relación a valores como la perseverancia ante la adversidad y la solidaridad de sus habitantes.
Volvimos hacia la Royal Mile pasando por la cafetería donde la ahora escocesa más rica escribió el primer libro de Harry Potter que, por cierto, tuvo que pasar por el rechazo de diez editores para que fuera finalmente aceptada su publicación (de nuevo la paciencia y la constancia fueron la clave del éxito).
La historia de dos inmigrantes irlandeses que se dedicaban a asesinar y vender los cuerpos para la investigación médica sirvió para dibujar el tétrico ambientes de los closes en las largas noches de invierno. Pero, claro, no era más que un negocio, te pagaban por un cuerpo recién fallecido tanto como un obrero obtenía de sueldo mensual trabajando catorce horas. Al final uno delató al otro, así que pagaron sus culpas, uno en la cárcel y otro volviéndose loco.
Finalizamos la ruta junto al National Gallery con unas vistas impresionantes de una estampa maravillosamente única del castillo nevado (al pie del monumento a Scott - el escritor). Pedimos a Santi que nos llevara a un pub a comer algo y nos llevó al otro extremo de Princess Street. A estas alturas ya habíamos entablado relación con una pareja de canarios (no pajaritos) Alber y Maru, que confirmaron una vez más la buena fama que tienen estos insulares y se convirtieron en nuestros aliados contra el frío en los dos días siguientes.
Tras comprar los tickets para el tour nocturno de los fantamas, nos fuimos a ver Princess Street donde, por supuesto, hay una tienda de Zara. Vimos tiendas, paramos en el Mercado Alemán con sus bebidas típicas y sus artesanías y, puesto que alguna no llevaba el calzado más adecuado, nos fuimos a un centro comercial a comprar unas buenas botas.
Tras un descanso en el hotel fuimos de nuevo a cenar con nuestros nuevos amigos haciendo tiempo para el tour. La ruta fantasmagórica nos habló del "puente de los suicidios", de las soluciones que ingeniaron los políticos, desde redes a vallas, y finalmente de una pegatina que decía "who care you?, We care. Samaritans". Fuimos a Carlton Hill donde vimos el Partenon inacabado, el observatorio que no se podía utilizar y una torre con forma de catalejo. Y lo mejor, las vistas de Edimburgo y del puerto, excelentes, porque estaba anocheciendo y la mezcla de luces naturales y artificiales resultaba casi sobrenatural, sobre todo si tenemos en cuenta que el blanco de la nieve intensificaba cualquier contraste.
Después de intentar bajar infructuosamente por algunas escaleras, decidimos buscar un camino menos peligroso y Santi nos llevó hasta un cementerio donde nos contó de nuevo historias fantasmales. Para mí lo más llamativo son las rejas de alquiler que se usaban durante unos días para evitar que los ladrones de cadáveres se llevaran los cuerpos antes de que se descompusieran para su venta a los primeros investigadores de la medicina.
En fin, un país el escocés de gente con mucha imaginación, con escritores famosos y con un sentido tribal y un poco mágico de la vida.
La guinda del tour fue una invitación a cerveza o vino en un pub del centro, que resultó ser el de nuestro hotel, así que nos tomamos la copita y nos fuimos a la cama bien calentitos. A ver qué tal resultaba el día siguiente, porque este había sido bien completito.
Después de desayunar en el mismo hotel (puedes elegir entre desayuno escocés y continental), nos dispusimos a sentir la nieve sobre nuestras cabezas. Primera parada la Iglesia de St. Giles, con una hermosa distribución, llamativo techo azul y la no muy antigua capilla de Thistle que tiene una mezcla entre un gótico clásico y unos muñegotes mangas reflejo de los diferentes clanes escoceses. El acceso es gratuito, mientras una urna te recuerda que no estará mal si les dejas alguna propina para el mantenimiento del edificio. Como anécdota, resulta llamativo encontrar sobres para donativos en los que puedes rellenar tus datos personales con el fin de que la iglesia remita la información al fisco y te desgrave en tu declaración de la renta.
Después no dirigimos al punto de encuentro de FreeTour, una organización que primero te hace la ruta y luego te pide que des un donativo en función de tu satisfacción por el trabajo realizado. Nuestro guía era Santi, un catalán que había estudiado filosofía, poco versado en el idioma inglés, pero como eramos todos españoles no había problema. Su vocabulario y su capacidad de comunicación nos encantaron y sirvieron para abrir boca de la belleza y de la historia de una ciudad que se antojaba impresionante.
Después de pasar los límites de frío tolerables viendo parte de la Royal Mile, el ayuntamiento (que sirvió para explicarnos el fuerte desnivel del terreno y porqué los edificios tienen por un lado tres o cuatro alturas y por otro hasta diez alturas) y ver el castillo por fuera (la parte interior es un homenaje museístico a los alardes militares del pueblo escocés) decidimos hacer un descanso en la excursión para tomar algo caliente en Grassmarket (alguna que yo me sé se tomó un wisky y le sentó de maravilla). Proseguimos con historias de ejecuciones, del pub "the last drop", la historia de la chica que tuvo un hijo soltera y fue ahorcada y sobrevivió, trabajando en un pub junto a la zona de ejecuciones de Grassmarket, subimos hacia un cementerio que hay frente al museo nacional (en southbridge) y allí nos contaron el calvario que pasaron los firmantes del Pacto de Escocia contra los ingleses en celdas sin techo y en silencio total bajo pena de muerte. La historia de los fantasmas que atacaron a unos americanos y alguna otras historia de unos adolescentes haciendo cosas obscenas con calaveras, de manera que ahora esa parte del cementerio está cerrada. La anécdota del cementerio la pone la lápida del Perro que durante 14 años esperó la vuelta de su dueño fallecido y que fue alimentado por los vecinos. Junto a la puerta del cementerio está un pub con el nombre del perrito, también una estatua nos recuerda la hazaña. Y todo esto no es más que una muestra de cómo un pueblo va creando sus mitos en relación a valores como la perseverancia ante la adversidad y la solidaridad de sus habitantes.
Volvimos hacia la Royal Mile pasando por la cafetería donde la ahora escocesa más rica escribió el primer libro de Harry Potter que, por cierto, tuvo que pasar por el rechazo de diez editores para que fuera finalmente aceptada su publicación (de nuevo la paciencia y la constancia fueron la clave del éxito).
La historia de dos inmigrantes irlandeses que se dedicaban a asesinar y vender los cuerpos para la investigación médica sirvió para dibujar el tétrico ambientes de los closes en las largas noches de invierno. Pero, claro, no era más que un negocio, te pagaban por un cuerpo recién fallecido tanto como un obrero obtenía de sueldo mensual trabajando catorce horas. Al final uno delató al otro, así que pagaron sus culpas, uno en la cárcel y otro volviéndose loco.
Finalizamos la ruta junto al National Gallery con unas vistas impresionantes de una estampa maravillosamente única del castillo nevado (al pie del monumento a Scott - el escritor). Pedimos a Santi que nos llevara a un pub a comer algo y nos llevó al otro extremo de Princess Street. A estas alturas ya habíamos entablado relación con una pareja de canarios (no pajaritos) Alber y Maru, que confirmaron una vez más la buena fama que tienen estos insulares y se convirtieron en nuestros aliados contra el frío en los dos días siguientes.
Tras comprar los tickets para el tour nocturno de los fantamas, nos fuimos a ver Princess Street donde, por supuesto, hay una tienda de Zara. Vimos tiendas, paramos en el Mercado Alemán con sus bebidas típicas y sus artesanías y, puesto que alguna no llevaba el calzado más adecuado, nos fuimos a un centro comercial a comprar unas buenas botas.
Tras un descanso en el hotel fuimos de nuevo a cenar con nuestros nuevos amigos haciendo tiempo para el tour. La ruta fantasmagórica nos habló del "puente de los suicidios", de las soluciones que ingeniaron los políticos, desde redes a vallas, y finalmente de una pegatina que decía "who care you?, We care. Samaritans". Fuimos a Carlton Hill donde vimos el Partenon inacabado, el observatorio que no se podía utilizar y una torre con forma de catalejo. Y lo mejor, las vistas de Edimburgo y del puerto, excelentes, porque estaba anocheciendo y la mezcla de luces naturales y artificiales resultaba casi sobrenatural, sobre todo si tenemos en cuenta que el blanco de la nieve intensificaba cualquier contraste.
Después de intentar bajar infructuosamente por algunas escaleras, decidimos buscar un camino menos peligroso y Santi nos llevó hasta un cementerio donde nos contó de nuevo historias fantasmales. Para mí lo más llamativo son las rejas de alquiler que se usaban durante unos días para evitar que los ladrones de cadáveres se llevaran los cuerpos antes de que se descompusieran para su venta a los primeros investigadores de la medicina.
En fin, un país el escocés de gente con mucha imaginación, con escritores famosos y con un sentido tribal y un poco mágico de la vida.
La guinda del tour fue una invitación a cerveza o vino en un pub del centro, que resultó ser el de nuestro hotel, así que nos tomamos la copita y nos fuimos a la cama bien calentitos. A ver qué tal resultaba el día siguiente, porque este había sido bien completito.
Cielo despejado y suelo nevado...bonito contraste
Edimburgo, Reino Unido — lunes, 7 de diciembre de 2009
Comenzamos con un desayuno en el Starback cercano al hotel y después nos dirigimos a ver el Hub, una iglesia convertida en Pub y zona de celebraciones de bodas, poco antes de la llegada al Castillo. Desde allí nos dirigimos al edificio del Museo Nacional, moderno, lleno de entrantes y salientes, con un diseño espectacular, que incluye en sus cinco plantas desde unas vistas espectaculares de la ciudad y del castillo hasta grandes espacios donde se explica de forma original el origen geológico de Escocia o te puedes encontrar con multitud de maquetas o una locomotora de tamaño real.
A continuación decidimos desplazarnos a la New Town (St Andrews Square). En un Pub que está justo en la esquina y decorado totalmente en azulejos a medida, comimos un roast beef con unas cervezas. Es curioso que cualquier pub en Edimburgo te puede ofrecer una comida bastante razonable y a precios competitivos. Continuamos nuestro periplo viendo algunas tiendas, después subimos a Carlton Hill y bajamos hacia Holyrood Palace, la vuelta al centro la hicimos por la Royal Mile, lo que nos permitió observar el original y un poco excéntrico diseño del nuevo Parlamento, seguimos viendo algunas tiendas donde me llamaron la atención los polos con escudos escoceses y las camisetas de los jugadores de rugby, que pueden ser un buen regalo para jóvenes. Sin bajar de la acera del Bank Hotel se puede entrar en el Laberint Pub (abajo a la derecha) que se ubica aprovechando algunas de las antiguas cuevas laberínticas que oradan el subsuelo de la Royal Mile. Cuando llegamos estaba en rehabilitación y sólo permitían el acceso al bar, pero fue fácil comprobar que tenía forma de habitaciones comunicadas con contínuos desniveles, tal y como se puede observar en Granada cuando visitas las cuevas del Sacromonte.
Hartos de monumentos decidimos visitas las famosas tiendas Jennifer (varios edificios unidos tipo corte inglés pero bastante más antiguos). La tarde finalizó con unos wiskies y una hambuguesa en al Woo-Doo pub. Un lugar con diversos ambientes, pub, café, zona de baile...
A continuación decidimos desplazarnos a la New Town (St Andrews Square). En un Pub que está justo en la esquina y decorado totalmente en azulejos a medida, comimos un roast beef con unas cervezas. Es curioso que cualquier pub en Edimburgo te puede ofrecer una comida bastante razonable y a precios competitivos. Continuamos nuestro periplo viendo algunas tiendas, después subimos a Carlton Hill y bajamos hacia Holyrood Palace, la vuelta al centro la hicimos por la Royal Mile, lo que nos permitió observar el original y un poco excéntrico diseño del nuevo Parlamento, seguimos viendo algunas tiendas donde me llamaron la atención los polos con escudos escoceses y las camisetas de los jugadores de rugby, que pueden ser un buen regalo para jóvenes. Sin bajar de la acera del Bank Hotel se puede entrar en el Laberint Pub (abajo a la derecha) que se ubica aprovechando algunas de las antiguas cuevas laberínticas que oradan el subsuelo de la Royal Mile. Cuando llegamos estaba en rehabilitación y sólo permitían el acceso al bar, pero fue fácil comprobar que tenía forma de habitaciones comunicadas con contínuos desniveles, tal y como se puede observar en Granada cuando visitas las cuevas del Sacromonte.
Hartos de monumentos decidimos visitas las famosas tiendas Jennifer (varios edificios unidos tipo corte inglés pero bastante más antiguos). La tarde finalizó con unos wiskies y una hambuguesa en al Woo-Doo pub. Un lugar con diversos ambientes, pub, café, zona de baile...
William Wallace y Stirling
Stirling, Reino Unido — miércoles, 8 de diciembre de 2010
Ya lo sé, que nada más levantarnos las noticias nos informaban de que Escocia estaba inmovilizada por la nieve, carreteras cortadas, gente aislada en sus coches, niños que pasaron la noche en el colegio... pero, qué carajo, somos turistas aventureros, así que nos fuimos para la estación de Waverley y compramos un billete para Stirling: tiempo estimado una hora... tiempo real casi tres horas....pero qué paisajes nevados¡¡¡, además en el tren se va bien calentito, así que llegamos a Stirling y nos dirigimos al castillo donde pudimos ver su salón de conmemoraciones, su enorme capilla y la parte museística con un toque muy militar y nacionalista. El palacio estaba en rehabilitación, pero lo que más nos llamó la atención fueron las impresionantes vistas en todas direcciones y el enorme cementerio de los alrededores. Y aunque te digan que es una de las mejores joyas renacentistas de Escocia, la verdad es que más bien se veían algunos tímidos toques de arquitectura renacentista... en fin, que para unos de Jaén, la verdad es que si a eso le llaman renacimiento que venga a ver Úbeda y Baeza.
La vuelta fue algo más organizada, comimos en la cafetería de la estación y allí un escocés amable (como no podía ser de otro modo) nos dijo que esperáramos calenticos que él nos avisaba cuando el tren, que llevaba retraso, estuviese listo para partir...esto es algo que hacen con todos los viajeros. En fin, un servicio estupendo para evitar tener a la gente helada esperando en los pasillos.
A la llegada a Edimburgo comprobamos que los retrasos y cancelaciones de trenes habían formado unas colas enormes a la espera de nuevos trenes para volver a casa. De nuevo algunas compras, vuelta al hotel y tras un descanso del guerrero, salimos para comer a la Pizzería Bella Italia que está justo enfrente del hotel, porque la verdad es que la noche no daba para mucho movimiento, sobre todo después del cansancio acumulado y de que ya nos quedaba poco o casi nada por ver. Finalmente tomamos el wisky de rigor en nuestro pub, subimos las escaleritas y a dormir, que mañana será otro día.
La vuelta fue algo más organizada, comimos en la cafetería de la estación y allí un escocés amable (como no podía ser de otro modo) nos dijo que esperáramos calenticos que él nos avisaba cuando el tren, que llevaba retraso, estuviese listo para partir...esto es algo que hacen con todos los viajeros. En fin, un servicio estupendo para evitar tener a la gente helada esperando en los pasillos.
A la llegada a Edimburgo comprobamos que los retrasos y cancelaciones de trenes habían formado unas colas enormes a la espera de nuevos trenes para volver a casa. De nuevo algunas compras, vuelta al hotel y tras un descanso del guerrero, salimos para comer a la Pizzería Bella Italia que está justo enfrente del hotel, porque la verdad es que la noche no daba para mucho movimiento, sobre todo después del cansancio acumulado y de que ya nos quedaba poco o casi nada por ver. Finalmente tomamos el wisky de rigor en nuestro pub, subimos las escaleritas y a dormir, que mañana será otro día.
Conclusión: haggis, Kilt y gaitas?
Edimburgo, Reino Unido — jueves, 9 de diciembre de 2010
La mañana del último día la aprovechamos para hacer algunas compras y visitar la National Gallery, especialmente los cuadros de Rafael y algunos pintores españoles. Llama la atención que aparentemente todos los trabajadores del museo tienen algún tipo de minusvalía, lo que de nuevo recuerda el carácter integrador de la sociedad escocesa. Para las compras recomendamos la parte baja de la Royal Mile, donde puedes encontrar una amplia variedad de recuerdos "típicos", muchas de ellas con empleados españoles que aprovechan su estancia allí para mejorar el nivel de inglés.
La vuelta al aeropuerto la hicimos con el bus "airlink" que sale cada diez minutos desde Waverley. Una flotilla nueva, con cámaras para que puedas ver tus maletas mientras vas en la parte superior del autobús disfrutando del paisaje. En el aeropuerto la situación era tranquila, el vuelo se retrasó media hora y llegamos a Málaga donde nos recibían con los brazos abiertos 19º. La última imagen, por si no nos había impresionado Escocia, la tenemos grabada en la retina desde la ventana del avión: una puesta de sol única sobre un infinito suelo nevado...¡¡¡qué mejor estampa navideña para este año¡¡¡¡
Conclusión del viaje: los estereotipos del escocés son tan falsos como los del andaluz, ni se visten con kilt, ni están por las esquinas tocando la gaita, ni comen haggis un día sí y otro también. Es una sociedad abierta, que gusta de salir a la calle hasta altas horas de la noche, sonriente, acogedora, extrovertida y aparentemente feliz. La ciudad cumple con los requisitos que cualquier buen viajero busca: está cercana a un buen aeropuerto, tiene muchos museos, su centro histórico (patrimonio de la humanidad) está intacto, deja huellas inborrables en la memoria, tiene una ampliar oferta gastronómica y wiskinómica y puedes encontrar alojamientos bien situados a precios razonables.
La vuelta al aeropuerto la hicimos con el bus "airlink" que sale cada diez minutos desde Waverley. Una flotilla nueva, con cámaras para que puedas ver tus maletas mientras vas en la parte superior del autobús disfrutando del paisaje. En el aeropuerto la situación era tranquila, el vuelo se retrasó media hora y llegamos a Málaga donde nos recibían con los brazos abiertos 19º. La última imagen, por si no nos había impresionado Escocia, la tenemos grabada en la retina desde la ventana del avión: una puesta de sol única sobre un infinito suelo nevado...¡¡¡qué mejor estampa navideña para este año¡¡¡¡
Conclusión del viaje: los estereotipos del escocés son tan falsos como los del andaluz, ni se visten con kilt, ni están por las esquinas tocando la gaita, ni comen haggis un día sí y otro también. Es una sociedad abierta, que gusta de salir a la calle hasta altas horas de la noche, sonriente, acogedora, extrovertida y aparentemente feliz. La ciudad cumple con los requisitos que cualquier buen viajero busca: está cercana a un buen aeropuerto, tiene muchos museos, su centro histórico (patrimonio de la humanidad) está intacto, deja huellas inborrables en la memoria, tiene una ampliar oferta gastronómica y wiskinómica y puedes encontrar alojamientos bien situados a precios razonables.


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