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martes, 24 de mayo de 2011

"Dime quién soy" de Julia Navarro

Bueno, ya terminé el libro de Julia Navarro:

Desde el punto de vista formal, la redacción basada en relatos de terceros queda un poco forzada, porque a veces los personajes cuentan cosas y detalles imposibles de obtener a través de archivos o documentación....pero pronto descubres que no es más que una excusa para hacer un poco más original la redacción del libro.

El argumento es bueno, porque va in-crescendo, de manera que cada nuevo destino supone una situación algo más intensa y emocional. La peripecia por las principales capitales europeas ayuda bastante, pero podría haber quedado mejor con un esfuerzo de descripción urbana y, tal vez, de algunos edificios y personajes. El libro de "El Médico" de Noah Gordon es un buen ejemplo a seguir en este caso, porque resulta muy bueno en la descripción de momentos y entornos históricos haciendo hincapié en los principales contrastes entre unas zonas y otras, entre unas costumbres y otras. En suma, parece más documentado.

De todas formas, para mí lo más importante es que el libro sirve de excusa para relatar hechos históricos de primera magnitud en el siglo XX, partiendo de la II República Española hasta llegar a la caída del muro de Berlin.

La sorpresa final constituye la guinda del pastel y te hace sentir aún más pena por las peripecias de Amelia, que se mueve por la historia del siglo XX como una brizna de paja en un mar revuelto, a pesar de que el personaje principal piense a veces que es dueño de su destino y que toma sus propias decisiones.

miércoles, 27 de abril de 2011

El Conde de Montecristo..

Bueno, por fin terminé el Conde de Montecristo.... excelente novela, con forma de episodios autocontenidos, pero que tiene una trama general muy buena. Además, es bueno leer el libro despacio y con pocas pausas, porque es entonces cuando descubres el sentido de muchas de sus explicaciones y de las cosas que suceden.

El vocabulario, las expresiones y el sentir de la gente de la época está genialmente expuesto. Parece imposible que hace dos siglos la gente se batiera en un duelo por cualquier tontería ...jeje

La vida, la muerte y el sentido transcendental que atribuye Dumas (y su colega, que se ve que casi escribía mejor que él) a la existencia humana, se puede apreciar en toda su magnitud a lo largo de la obra, con un trasfondo cristiano en el que la vida parece ser un continuo sufrir para, tal vez, algún día, obtener la felicidad (como dice en la última página....el secreto está en "confiar y esperar": esto es, sin duda, una explicación cristiana en el que cualquier sufrimiento vale la pena si la redención es segura y eterna...). Es mucho más humano y entendible el libro escrito que las películas o series que se han hecho de él. Aquí nadie es totalmente bueno, ni nadie es totalmente malo.

Por su parte, el traductor parece pasar de un período inicial en el que casi idolatra a Dumas, a otro en el que las notas a pie van poniendo de relieve que Dumas muchas veces citada de "mala memoria" los pasajes de otros libros (sobre todo las historias griegas representadas en el teatro) y se inventa muchas cosas, por no pararse y comprobar en el libro correspondiente lo que está citando. Y es que, seguramente, el traductor ya se estaba hartando de buscar las citas en los "clásicos griegos" y no encontrarlas....jeje

En fin, un libro para leer cada diez años y refrescar la memoria y recordar a nuestra mente que, a veces, algunas veces, nuestras preocupaciones diarias no son más que sueños, y los sueños....sueños son.

Dicho de otro modo, la vida es simple hoy, hace mil años y lo será dentro de mil años....las mismas emociones, las mismas pasiones y los mismos miedos mueven los hilos invisibles de cada uno de nosotros...

sábado, 26 de marzo de 2011

Viaje a Malta y Gozo (el Comino no nos importa)

Pues esto comienza como siempre. Un grupo de amigos deciden hacer un viajecillo internacional y uno de ellos (el más apañao) se pone a pensar en el destino, las fechas y las reservas necesarias.
Tras la fase de incertidumbre inicial, decidimos ir a Malta del 5 al 8 de junio de 2010. Así que, aquí estamos preparando una ruta para tres-cuatro días. El hotel Fortina (**** y SPA) en Sliema será el encargado de soportar a una docena de cincuentones que quieren parecer cuarentones.



Cocinando el Viaje

JaénEspaña — sábado, 8 de mayo de 2010
Once upon a time....Erase una vez un grupo de médicos, técnicos de salud, medio ambiente y residuos, veterinarios, jefes, interventores, sacacuartos, profesores y pichirichis, que decidieron iniciar un viajecito a Malta.
¿Porqué este y no otro sitio?...Pues porque todos hemos oido hablar de las fiebres de Malta, del Halcón Maltés, de la cruz de Malta, y si a eso le unimos que está cerca, tiene buenas comunicaciones, mucha historia y buen clima....pues para allá que vamos¡¡¡

Por ahora, poco más que decir, el viaje Jaén-Sevilla está por decidir, pero parece que hoy en día es más caro un viaje de 200 km por tierra que uno de 2000 por avión.

Sobre la estancia en Malta, tenemos previsto llegar el sábado tarde, descansar en el SPA, porque tenemos libre acceso a las instalaciones y, a la noche, visitar la Valetta y Sliema. El domingo es un dia idóneo para ir a Marsalforn, un pueblo de pescadores donde los domingos venden pescado desde las mismas barcas y es una imagen peculiar. Como está en Gozo, pues nos acercaríamos a Gozo por ferry (por el camino podemos parar en la
Villa de Popeye), contrataríamos tres taxis y estaríamos visitando todos los lugares típicos de la isla: Victoria, Templo Ggantija, Xlendi, la ventana azul, el fungus rock, la cueva de Calipso (a mi me ofrece una ninfa como un tren la eterna juventud y no me aparto de ella así se junte el cielo con la tierra).

La comida podría ser en Marsalforn.El lunes nos deplazaríamos a Medina (ver el Palazzo Falson) y Rabat y la tarde con alguna otra ciudad en el camino, para terminar este lunes completito en la Valetta (ver las tres ciudades: Cospicua, Senglea y Vittoriosa), nos han hablado de unas grutas que hay bajo las iglesias. El martes sería para disfrutar del SPA y algún paseo por Sliema. A la tarde cogeríamos nuestro avión de vuelta.
En fin, estos son los planes, en pocos dias anotarémos nuestras experiencias y lo que finalmente hemos hecho.

El 14 de mayo tuvimos una reunión de trabajo del grupo duro de clientes en la cervecería Daniel’s con unos resultados gastronómicos excelentes(berenjenas con miel, ensalada, champiñón con jamón al horno,calamares a la plancha … )  y un coste acorde con los tiempos que vivimos (16 € por pareja incluida la propina….ahora vas y lo cascas ¡¡¡).
La opinión unánime era trasladarnos a  Sevilla en nuestros vehículos particulares. Nuestros economistas calculan que quedarían mejor compensados los gastos si en ellos se incluyera el lavado de los vehículos en el parking del Aeropuerto.
Como no hay una sin dos, el 24 de mayo nos volvimos a reunir en "comida de trabajo" en el Restaurante la Verja, donde tomamos importantes decisiones mientras regábamos el graznate con cerveza Cruzcampo y asentábamos el estómago con salmorejos, gazpachos, solomillos a la pimienta, comtesa y algún que otro cafelillo, todo ello al coste de 12€  persona, propina incluida, lo que no está mal para un almuerzo. Las decisiones fueron viajar a Sevilla en tres coches y salir a las 9 de la mañana para hacer una visita turístico-gastronómica a una población sevillana de camino al Aeropuerto. A la reunión asistieron el 99,9% de los viajeros y se incorporaron dos nuevos clientes (el riesgos sanitarios y la hucha).

Primera etapa: Visita a Ecija y despegue

ÉcijaEspaña — sábado, 5 de junio de 2010
El Sábado sabadete (5 de junio) iniciamos el viaje con los nervios típicos de un grupo de adolescentes. A las 9 de la mañana salimos con 3 coches con dirección a Ecija (la sartén de Andalucía). Una bonita ciudad, mezcla de torres repletas de cigüeñas y barroco, emblemática y señorial. Allí no nos costó mucho encontrarnos entre sus calles palaciegas empedradas. 

Como sorpresa inicial los viajeros fueron obsequiados con una equipación de camisetas de la selección española y unas cervezas frescas. Este reconstituyente nos animó a visitar varias iglesias, plazas y calles, junto a un interesante museo local, todo ello esquivando sevillanos. Frente al museo hay un restaurante bien gestionado que nos reservó una habitación exclusiva para nuestra comida. Su nombre El Casino. Las caras de felicidad de los viajeros nos indican que la comida fué abundante, bien servida y de calidad. No contentos con el agasajo, nos desplazamos a la Confitería "El Ecijerano" donde compramos unas yemas para postre. El tiempo de comida fué crucial para reanudar trayecto al aeropuerto según el horario previsto. Allí nos estaban esperando para recoger los coches y llevarlos al aparcamiento. En un vuelo cómodo y puntual llegamos a Malta a las 19:50, donde tomamos taxi en direccón al hotel Fortina en Sliema (a 4 kms.). El hotel no dió pie con bola en ningún apellido: Foyardos, Sanchies, Isaigas, Garsías, Malloos, vallestras... Tras un breve descanso, a las 21:00 nos fuimos a cenar en una terraza de un restaurante del entorno: el Giorgio, luego un paseo y a descansar.

Segunda etapa: Isla de Malta al completo

MaltaMalta — domingo, 6 de junio de 2010
Salida a las 9:30 del Hotel hacia la puerta de la ciudad  de la Valletta junto a la fuente de Tritón para coger un típico autobús maltés, partimos con destino a Marsaxlokk para ver su colorido mercado al aire libre de los domingos. Por el camino vemos la Valetta y algunos pueblos como Ceitun (aceituna). Marsaxlokk gira en torno al puerto, es muy pequeña y las mercancías se ofrecen en línea con los barcos de vivos colores, llamados luzzus, y con el ojo de Osiris en proa contra los malos espíritus y bautizados con nombres de santos.. Este pequeño enclave, situado al sureste de Malta, tiene el privilegio de ser la villa de pescadores más grande de la isla y de poseer el segundo mayor puerto natural.Los barcos piratas encontraron durante mucho tiempo un refugio perfecto aquí, por ser un refugio contra el incómodo Xlokk, el viento del Mediterrneo que viene del sudeste, más conocido como Siroco. Por su recogido puerto, hoy repleto de entusiastas turistas, han pasado cuantos personajes de la historia se nos puedan venir a la mente. Entre ellos, los turcos, que entraron por aquí e iniciaron el ataque que culminó con el Gran Sitio en 1565; Napoleón, e incluso Bush y Gorbachov, que se reunieron en Marsaxlokk en 1989. 

Abandonamos la tranquilidad de este enclave para acercarnos a la Blue Grotto, unas grutas marinas de aguas azules, casi fosforescentes que atesoran la leyenda de los cantos de sirena que atrapan a los navegantes. Hicimos bien en ir por la mañana porque la luminosidad era perfecta.  Nada mas llegar bajamos por unas escaleras hasta unas barcazas a motor que nos llevaban en pequeños grupos por un asombroso y fantástico paisaje de acantilados, formas escultóricas y aguas luminosas. Cerca de aquí se rodaron escenas de Los Cañones de Navarone (en la Punta Delimara).

Después nos desplazamos hasta Hagar Qim(que está muy cerca del pueblo deQrendi) donde se encuentran templos megalticos de 3800 años a.c.(las estructuras construidas por el hombre más antiguas que se conocen, e incluyen tallas de animales, ídolos, altares de sacrificios y cámaras de orculos, elaborados con herramientas de siles y obsidiana. Después de comer una gran variedad de productos principalmente vegetariasno, regados de buen vino maltés, en un restaurante al aire libre junto a los restos megalíticos con un buffet y un servicio excelente, nos dispusimos a pasear por estos templos dedicados a señalar el equinoccio y el solsticio. Tal y como habíamos concertado con Jhon un minibús nos esperó para permitirnos disfrutar de la otra mitad de la ruta por Malta, en concreto nos fuimos para Medina por caminos mal asfaltados y a velocidades de autovía (ciudad con 3000 años de antigüedad situada en un saliente rocoso con buenas vistas sobre la isla, plagada de edificaciones normandas y barrocas, con calles estrechas y adoquinadas, y en verdad que, salvo que les dé por repicar a las campanas, se comprueba efectivamente que es la ciudad del silencio: allí disfrutamos del edificio mejor conservado: el Palazzo Falzo, y tambien de la piazza principal con su catedral siciliano-normanda del s.XI con un interior muy bien decorado y los suelos llenos de lápidas coloristas de caballeros de Malta.

Las vistas y el paseo por la ciudad son inolvidables y en la zona extramurallas se encuentra la ciudad de Rabat con un interesante museo de antigedades romanas, que no visitamos (algo había que dejar para la próxima visita). Desde allí volvimos a Sliema que est a 15 kms. y buscamos tiempo para ponernos los bikinis y disfrutar del SPA o de la piscina con vistas a la Valetta del hotel. La Cena fue en la Valetta (Pizzreía Café Caravaggio), un hermoso itsmo-colina que constituye un verdadero placer pasearlo por la noche, con esas cabinas rojas inglesas, los autobuses amarillos y los camareros invitándonos a tomar algo en sus restaurantes (porque no debemos dejar de mencionar que los Malteses son una gente amable y acogedora). No debía ser mala la vida que allí se daban los caballeros malteses.

Un día para Gozo

GozoMalta — lunes, 7 de junio de 2010
Día7:Fiesta del Sette Giugno.Dia del Trabajo y fiesta de San Pedro y San
Pablo)

Salida a las 9:30 para tomar un crucero (harbour cruises) a las 10 de la mañana en dirección a  Mgarr (Isla de Gozo). Un viaje placentero de algo más de una hora. Sin duda la elección del hotel fue acertada porque estábamos al lado de las paradas de autobuses y cruceros. Una vez que habíamos disfrutado de la variada costa maltesa, llegamos a Gozo, donde nos esperaba un autobús (amarillo of course) para visitar toda la isla, comenzando por cruzar un par de pueblos por sus curvilíneas calles (no saben lo que es una línea recta en Malta) y donde se mezclaban casas preciosas de diseño en piedra arenisca blanca con corrales para cabras. Continuamos hacia la Bahía Dwejra donde disfrutamos de la famosa Ventana Azul, con veinte minutos para hacer foto y subir al bus, después nos dirigimos a Victoria (centro de actividad comercial de la isla, donde se respita un aire del siglo XVI. Subimos a la Ciudadela o Gran Castello para obtener fantásticas vistas de la ciudad y de la isla entera (algo así como en Medina) abarca la isla entera. En fin, un viaje un poquito estresante con autobuses un poquito viejos. ¿Y alguien recuerda a cuento de que venía lo de "me floculan los coloides"?

Ya creíamos que la vuelta iba a ser aburrida, cuando al tomar de nuevo el barco dnos dijeron que pararíamos en Comino (no teníamos previsto verla) y la sorpresa cuando llegamos a la hora de la comida, fue espectacular, una ensenada trasnparentísima, rematada en una playa blanca como la nieve y llena de estudiantes, de esos que van a estudiar inglés y estudian ingles (nótese el acento). El baño,el paseo y la estancia allí resultaron inolvidables. Tras el baño relajante y el bocadillo de yoquesé volvimos a Sliema a nuestro hotel. Un descanso y vuelta a la calle para buscar un restaurante maltés. Lo encontramos en St Julian, el restaurante L'Arome, un lugar donde disfrutamos de algunos platos típicos y el grupo de viajeros sorprendió al guia y a sus dos secretarias con la imposición de la Cruz de Malta. En fin, otro día inolvidable.

Despedida y cierre

VallettaMalta — martes, 8 de junio de 2010
Siguiendo los planes previstos y, a pesar de que les di la mañana libre para que se curaran los sabañones, pues el grupo de maduritos se comportaron como adolescentes y salieron como cabras de un corral a coger un autobús y visitar la Valletta de día. El resultado fue fantástico, porque la vista desde el mirador de la Valletta de toda la zona de la Cotonera es sencillamente espectacular, y no te digo nada de su callejero cartesiano. Así que todos se dedicaron a visitar Sliema, Cottonera y La Valletta (ciudad construida por caballeros para caballeros). Sus calles fueron trazadas con gran cuidado para que por ellas penetraran las brisas frescas del puerto (he dicho brisas no chicas) mientras los religiosos caballeros de la Orden de S. Juan se dedicaban a la contemplación de las vírgenes (en un sentido místico... se entiende). la Valletta mide unos pocos cientos de metros y desde la entrada suroeste es posible caminar hasta el centro atravesando una serie de plazas rodeadas de palacios y catedrales (el más expléndido es Auberge de Castille (ah vive el primer ministro), entre los jardines destaca el Upper Barrakka (que fueron vergeles privados de los caballeros de San Juan italianos), desde allí se puede disfrutar de la vista del Grand Harbour y de Cottonera (Las tres ciudades fortificadas de Birgu -Vittoriosa, Senglea y Cospicua-). El nombre proviene del Gran Maestre hospitalario Nicols Cottoner, que en el siglo XVII construyó la línea de bastiones que protegen la zona, considerada el ejemplo más llamativo de la arquitectura militar europea de su época). La Cocatedral y el Museo de San Juan tiene una fachada sobria pero un interior que es una obra maestra barroca (véase la foto de los veteris cordobeses en la esquina).

Otro museo importante es el Palacio del Gran Maestre (sede del Parlamento). En el fuerte de San Telmo, en la punta noroeste de la ciudad, los guías van disfrazados de caballeros y se realizan representaciones de batallas histricas.

De vuelta al hotel con extrema puntualidad (porque a estas alturas ya manejábamos los yellow buses con suma maestría), nos esperaba Jhon con el flamante microbús para llevarnos al europuerto con tiempo para tomar allí un tentenpie a las 12:30 y embarcar antes de las 13:00 y salir a 13:35 para llegar a Sevilla a las 16:30, cinco minutos antes de lo previsto con el consiguiente campaneo saliendo de los altavoces del avión (taratariiiiiiiiii...la puntualidad de ryanair). Los coches estaban preparados y limpios y salimos en dirección a Jaén, previa parada en una bonita cafetería de carretera (cuyo nombre no recuerdo) donde tomaremos café y proseguimos hacia Jaén con hora estimada de llegada de 20:30 de la noche.

Tres días en Cracovia

Será, tal vez, la única gran ciudad de Polonia que no ha sufrido los efectos de los recientes conflicto europeos. Es una oportunidad de ver el pasado de una zona europea llena de historia. Religiosidad, misticismo, leyenda y la profunda huella del odio nazi. Eso no quita para tomarse con humor el viaje.

Fase de despegue: La idea

JabalcuzEspaña — jueves, 1 de octubre de 2009
Pues eso, que como el que no quiere la cosa, como el que no da puntada sin hilo, pues que como los ecos de Malta se apagaban y la presión de los amigos aumentaba...nos pusimos manos a la obra, lanzamos el dardo y... se clavó en Krakow.  ¿Para cuando? hombre, pues para la feria de San Lucas.

Así que el destino y la fecha ya estaban elegidos, ahora quedaba la tediosa tarea de organizar tediosas reuniones gastronómicas en nuestra sede social (Daniel 3) para poner de acuerdo al grupo sobre el lugar de salida (Málaga), la cena y estancia previa en Torremolinos (que hace tiempo que no íbamos por allí), los horarios y el párking (dudas entre San Isidro y parkingred).

Los viajeros para esta aventura son 18, a saber: en la jerga de nuestro grupo tenemos, por un lado, los patanegras, que son los que nunca fallan a un viaje (pepetourianos, pichirichis, amigos de los animales, los de la peña y los malos ) , reenganchaos, que han venido alguna vez (los riesgos) y novatos, que se estrenan en este (los quesadas, los del norte y los granainos).

Tres comidas en el Daniel 3 y, como siempre, "...que lo hagas tú, que los demás ya somos mu mayores pa estos trotes.." Cita textual. "Ah¡ y encarga unas camisetas chulas con dibujo alusivo"...Ea, por pedir que no quede.

Cena y botellón en Benalmádena

Benalmádena CostaEspaña — sábado, 23 de octubre de 2010
Gracias a que los Quesadas tuvieron la amabilidad de compartir su pisazo
de protección oficial con piscina, nos pasamos el viernes a cenar en
"El Capricho" un buen pescadito a buen precio, con una camarera que
estaba igual que hace quince años y que nos invitó a chupito. Después de
un paseito a 24 grados decidimos hacer botellón en la terraza del
pisito, dando cuenta de los licores del mueble bar.
Se puede decir que dormimos, pero el caso es que a las cuatro de la
mañana nos pusimos en marcha y a las 4:40 a.m. ya estábamos en el
Parking San Isidro, donde se incorporó la otra mitad del grupo. Desde
allí nos trasladaron al Aeropuerto donde, sin incidencias, sin
aparente presencia policial y con toda la tranquilidad del mundo que
supone vivir en este país, nos pusimos en manos de ryanair.

Sheraton y Wawel

CracoviaPolonia — sábado, 23 de octubre de 2010
Llegada sin incidentes, puntualidad y el típico "tararí" de la compañía aérea. A la salida nos esperaban con puntualidad polaca los dos conductores con el letrerito "pepetour" y, una vez separados varones de hembras, nos desplazamos al hotel. Localización excelente, al pié del castillo y ambiente agradable.

Marga, nuestra guía licenciada en filología hispánica nos llevó a pie hacia el castillo de Wawel, explicándonos la azarosa vida de esta ciudad y del país en su conjunto, desde las nada amistosas invasiones suecas (llegar, aniquilar, robar y volver) hasta su posición estratégica entre imperios y naciones poderosas, según qué siglos. Pero bueno, lo que no hay que olvidar es a Casimiro el Grande (que fundó muchas ciudades y era muuuuuuuuy mujeriego) y a los jagelianos. Vimos los huesos del dragón en la puerta de la catedral y la estatua de J.Pablo II. La colina es una yuxtaposición de edificios religiosos y militares, donde destaca el patio de armas y la catedral. Es de suponer que en sus inicios estuviese rodeado por agua por todas partes menos por una (la de arriba). Interesantes los sanitarios que sobresalen de la torre.

Desde este momento pudimos apreciar la belleza de esta ciudad, cálida a pesar del frío, con vendedores ambulantes de panecillos típicos, y muuuuuuuuuy religiosa (más de 140 iglesias).

Nos llevaron al Colegio Mayor más antíguo de Polonia y, después, a la plaza medieval más grande de Europa. En este punto cabe decir, que tan sólo por ver esta plaza, vale la pena ir a Cracovia. La iglesia, la torre y el mercado im presionantes¡¡¡.

El remate de la mañana lo puso Marga llevándonos a un restaurante típico en el que nos reservó un habitáculo decorado con paredes pintadas con libros y cosas antiguas. La comida típica empezó por una sopa excelente, mucha cerveza Zywiec y finalizó con algo de Wodzka.

Breve descanso en el hotel para recuperarnos del frío y salida para las Minas de Sal. Esta es de esas veces en que piensas: "vaya tontería, venir tan lejos para ver unas minas". Pero nada mas llegar y ponernos a bajar unas escaleras de madera interminables, nos dimos cuenta de que aquello era algo diferente. En efecto, 300 kms de pasadizos, en absoluto estrechos, con iglesias enormes, capillas, salas de 40 metros de altura, lagos, salones de bodas (todo en paredes de sal) y una decoración que no envidiaba nada a las de cualquier iglesia de Cracovia. En fin, que si no tienes claustrofobia, te asombrará todo, hasta el ascesor de subida. Y recuerda, el microclima de estas minas alarga la...................................................
la vida, bueno a lo mejor lo otro también.

De vuelta al hotel y búsqueda de un lugar para cenar, en este caso nos decidimos por Nieba, un Kebab donde ofrecían pizzas de buen tamaño y cerveza. La noche terminó en el pub del hotel viendo un partidito de fútbol y tomando un wodzka.

Rio Vístula, paseo tranquilo y hasta un coro en español

CracoviaPolonia — domingo, 17 de octubre de 2010
Comienza la mañana con un desayuno buffet y, en pocos minutos, ya estamos en marcha. El grupo se divide en dos. Una parte decidió madrugar y armarse de valor para conocer uno de los pasajes más negros de la historia de la humanidad: el genocidio o el holocausto, tanto monta monta tanto. Se desplazaron a Auschwitz y Birgenau donde quedaron más que impresionados, yo diría que sobreimpresionados, marcados, por la historia, las imágenes, los interminables pabellones y los relatos escalofriantes. Y en el fondo un idea sobrecogedora: "cómo un pueblo es capaz de humillar hasta el exterminio a otro, y en lugar de reconocer la atrocidad, mantener el odio y la falta de remordimientos". En fin, hay aspectos de la naturaleza humana que subyace como sentimientos ancestrales de carácter tribal y que difícilmente afloran, pero que determinados regímenes totalitaristas han sabido aprovechar a lo largo de la historia.

El segundo grupo comenzamos con un paseo serpenteante por la rivera del Vístula, plagada de palomas (que los cuervos que hacen Krak son historia del pasado). Foto en el dragón que echa fuego y avance hacia el barrio judío (muy abandonado, la ausencia de propietarios reales dificulta el mantenimiento y rehabilitación) pero con su encanto.

Las calles con muy poco tráfico, por lo menos en esta zona, y los tranvías de todas las épocas. Muchas iglesias y mucha vocación. Lo judío queda como algo del pasado, sólo 150 judíos censados en Cracovia en 2010. El frio fustiga nuestros apéndices (léase orejas y nariz). El barrio tiene su encanto y permanece inalterable como hace un siglo, al menos. Pequeños cafés con músíca al piano en directo, bares lúgubres y decorados en colores cálidos como las iglesias, algunas reminiscencias del reciente pasado comunista y mercadillos de segunda mano que vendían cosas de muy escaso valor (una foto antigua, una postal, juegos de te incompletos, pitilleras, unos guantes, unos zapatos, ropa, un enchufe...lo más valioso podía ser un relog de pared o un escritorio antiguo). Las casas judías son espartanas, como las sinagogas (eso sí, los hombres por un lado y las mujeres en la parte de atrás de la sinagoga y tras una cortina).

Volvimos al centro, en busca de la plaza Ryneck. Destaca el campanario de la iglesia de Santa Maria. Ya sabes, ese donde los dos hermanos compitieron por la torre más alta y uno mató al otro y luego se suicidó, quedando el cuchillo como recuerdo en la entrada de la plaza del mercado. Este campanario también se conoce como la torre Hejnał (porque un trompetista toca desde la parte superior cada hora el Hejnał mariacki en recuerdo de su antepasado que murió a causa de las flechas que lanzaba el enemigo Tártaro en 1240 mientras daba la alerta). El trompetista dirige su melodía a los cuatro puntos cardinales para marcar las horas y la interrumpe en la misma nota en la que fue interrumpida por una flecha tártara.

Las primeras notas del toque suenan en dirección al castillo de Wawel en homenaje al rey; después, el trompetista se vuelve hacia la Torre del Ayuntamiento para honrar a los concejales de la ciudad; a continuación, se gira hacia la Puerta de San Florián para darles la bienvenida a los nuevos huéspedes (o sea, nosotros) y finalmente se vuelve hacia la Plaza del Mały Rynek con el fin de tocar para los mercaderes y los habitantes de la ciudad.
Es una de las atracciones turísticas de la ciudad, es una melodía muy bonita y se escucha sin necesidad de estar en la misma plaza, especialmente de noche.

El español está muy presente en la cultura de la ciudad, así lo atestiguan el instituto Cervantes y alguna librería española junto a la Iglesia de Santa María. La plaza y la Iglesia permiten conocer rápidamente el carácter polaco (ciudad segura, gente amable, abierta, un poco fríos como el clima y con una religiosidad acentuada).

El clima obliga a hacer un alto de vez en cuando una cafetería y, ya casi a medio día, nos dirigimos al Restaurante Cavalería (recomendado por Marga), muy cerca de la plaza, donde la gerente nos prepara e imprime un menú personalizado y nos prepara una bonita sala con chimenea donde, después de comer y beber al gusto en una mesa con velas y un servicio personalizado, rematamos el asueto con un bue trago de Wodzka caramelizado.

La tarde del domingo nos permitió deambular tranquilamente por la ciudad, visitar joyerías y ver iglesias, murallas (sobresale el palacio de la ópera como edificio singular y exento, y por su limpieza arquitectónica) , puertas medievales (con unos bonitos y eróticos apósitos para atar los caballos o evitar que los carros dañen la piedra de los portones) y un gran centro comercial en el extrarradio de la ciudad vieja. Muchos locales de vida nocturna, porque se ve que el polaco también gusta de salir en busca de compañía. La misa en Santa María nos permitió distrutar del buen gusto decorativo y de la calidez de los ocres, azules y dorados. Iglesias estrechas por su altura, con estrellas doradas en el techo, dando una sensación de encontrarte en una realidad alternativa. La iglesia llena a rebosar, no de gente mayor como en España, sino de parejas jóvenes. Y puedo asegurar que no fueron para ver el concierto del extraordinario coro noruego que nos deleitó con preciosas canciones y la última, no sabemos si dedicada a la mitad del auditorio que eramos los españoles y que estábamos sentados como reyes en el coro, en español.

El remate lo puso el restaurante Miel y Vino (recomendado por Dory, la guia de Auschwitz). Música en directo, comida medieval (menos mal que aunque éramos 18 pedimos comida para 10, y eso que venían dos o tres que hay que echarles de comer aparte). Total que entre chistes picantes y risas hilarantes, se acercó un camarero vestido a la usanza medieval (con pluma en la cabeza) y nos plantó medio tronco de árbol lleno de carne variada que pa qué te voy a contar más). La noche terminó, como no podía ser de otro modo,  con un Wodzka fresquito (combustible indispensable para llegar al hotel con premura y sin notar el rocío de la noche en nuestra despejada frente).

Fábrica de Schindler, Steven Spielberg y salidas del armario

CracoviaPolonia — domingo, 24 de octubre de 2010
Nuestra fiel guía Marga nos llevó desde la orilla del Vístula hasta el barrio judío, nos mostró calles, sinagogas, casas, cafés (donde algunos salieron del armario) y cementerios judíos.  A continuación nos llevó por el camino que hicieron los judíos hasta el Güeto al otro lado del rio (el barrio de Podgorze fue el pueblo creado por los austriacos para fundar una ciudad nueva y competitiva con Cracovia durante el primer reparto de Polonia). Desde el puente J. Piłsudski nos fuimos por la calle Józefińska hacia la Plaza de los Héroes de Getto (creado en el 41 y liquidado en el 43) y terminamos la mañana en el Museo Fábrica de Schindler, donde pudimos ver una recreación del ambiente y de las difíciles condiciones de una época de dominación nazi. Una época demasiado cercana como para no sentir un escalofrío al ver de los que somos capaces los seres humanos en nombre de no se sabe qué.

Y ya que estamos en Podgorze (el Gueto) pues buscamos una buen resturante-pizzería que nos puso contentos con unas extrapizzas y un par de cervezas por cabeza. Y, como no podía ser de otra manera, nos invitaron a un Wodzka caramelizado para brindar y posar en las fotos con esas caras de alegría que nos caracterizan.

Ya hartos de casi de tó, salimos a la calle y nos fuimos hacia el parque Bednarskiego, cuya arquitectura está dominada por la Iglesia neogótica de San José del año 1909.  La vuelta a la ciudad la hicimos en un típico tranvía, ocupado por pacíficos y silenciosos polacos, que vieron rota su efímera paz con la entrada al trote de una horda de andaluces,

El resto de la tarde lo dedicamos a ver alguna iglesia gótica con un coro lleno de seminaristas, disfrutar de la tenue iluminación de la ciudad vieja (porque aquí parece que las farolas son un bien escaso) y la última cena se preparó al estilo de mi pueblo, o sea, compras unas chacinas y te tomas unas cervezas y rematas con un espirituoso (wodzka, of course). Y como esta gente parece que no tiene hartura, pues hala a preparar un botellón en la habitación de los marteños. Y como no quiero extenderme más, lo dejamos aquí, la vuelta tuvo un poco de retraso por la huelga de los controladores franchutes y volvimos de nuevo al clima soleado del mediterráneo, y como esta gente es un poco inquieta, pues ya están planeando alguna comida-barbacoa para compartir fotos y un nuevo viaje, en este caso, por la Mancha para disfrutar de hoteles, vinos y bodegas en los pagos de la antigua Orden de Calatrava.

Edimburgo: Patrimonio de la Humanidad..."con nieve y bajo cero"

Una ciudad que es la capital de los "andaluces de Inglaterra". El castillo, la Royal Mile, los callejones y los pasadizos donde vivieron los pobres durante siglos. Y, por supuesto, su gente y su cultura, y sus pub y su wisky. El único problema que se me antoja a priori es el frío que podemos pasar en diciembre....pero bueno, todo es cuestión de abrigarse bien.

Prefacio: Controladores en huelga y cambio de avión

MálagaEspaña — sábado, 11 de diciembre de 2010
Bueno, como salíamos el domingo, estuvimos todo el finde preocupados por las muestras de caradura de los controladores aéreos... que si baja, que si depresión... total que el viernes y el sábado nos daba la impresión de que iba a ser imposible viajar a Edimburgo, máxime si le añades que se estaba produciendo allí una intensa nevada, la más temprana de los últimos 40 años. Pero, ya conocéis el espíritu del viajero, esperar y tener esperanza de que las cosas salgan bien. Así, a medida que el fin de semana avanzaba, fuimos viendo que la mecha de los controladores era corta y que los temporales de nieve tienen sus descansos.

A final de la mañana del domingo nos fuimos para Málaga porque la cosa pintaba bien. Para llenar un poco el estómago qué mejor que tomar unas truchas ecológicas y recién pescadas en Riofrio. Un estupendo mesón con unos precios muy competitivos y un servicio excelente y puntual. Ya con el estómago lleno nos dirigimos a Ikea de Málaga para comprar algún mueblecito accesorio para el salón. En fin, que una vez que habíamos saciado el hambre y el deseo de comprar (instintos básicos de cualquier ser humano), nos dirigimos al parking S. Isidro para dejar el vehículo y luego a esperar en el aeropuerto al vuelo.

Una vez que los controladores y el tiempo dejaron del ser un problema, apareció un tercer riesgo no contemplado inicialmente: después de hora y media de espera nos informa Ryanair que el avión tenía "problemas técnicos imposibles de reparar en tiempo". Así que nos llevaron a otro avión que tenían de reserva, pero que carecía de catering y bebidas. La alternativa era no volar, así que los viajeros no pusimos ni el más mínimo inconveniente. La llegada a Edimburgo fue sobre las dos de la mañana, lo que habría sido un problema en cualquier otro aeropuerto, pero allí Airlink bus opera casi toda la noche y por 3,5& por persona te llevan al centro de Edimburgo (único problema: que no te dan cambio). Pero bueno, como todo viajero avezado, nos juntamos con otra pareja de españoles y una escocesa y cogimos un taxi (caben hasta 6 o 7) y al final nos salió más barato (en total 16&am . Llegamos al hotel Bank, en plena Royal Mile, donde nos atendió un amable escocés y en menos de cinco minutos ya estábamos en una de las 9 habitaciones del hotel con decoración individualizada (en nuestro caso, la habitación de Mr. Livingstone). Habitaciones algo pequeñas, bien iluminadas, calefactadas y ventiladas, con agua muy caliente y café a disposición. Único inconveniente, que al ser un edificio protegido y que fue un banco a principios del siglo XX, no tiene ascensor. Al día siguiente pudimos ver desde la cama como caía una nevada impresionante en la Royal Mile y la Tv Plana nos informaba de que toda Escocia estaba nevada e incomunicada. Pero nosotros ya estábamos allí, preparados con toda la indumentaria de un esquiador, dispuestos a ver la mejor imagen navideña de Edimburgo.

Una ciudad para caminar... aunque esté nevando

EdimburgoReino Unido — lunes, 6 de diciembre de 2010
¿Cuál es la primera impresión que me produjo como viajero?. Pues creo que, en síntesis, una sensación muy positiva. La ciudad respira cultura por doquiera, está llena de museos y centros para visitar (la mayoría de ellos de entrada gratuita); la formación geológica de la propia loma ocupada por la Royal Mile y delimitada por el Castillo en un extremo y el Holyrood Palace en el otro, es una excelente composición de un antiguo glaciar, posterior fiordo y finalmente elevación del terreno; se encuentra a 12 kms del aeropuerto, está perfecta para no tener que coger ningún vehículo y poder visitar toda la Old y New Town, los Close le dan un toque misterioso, la piedra en todos sus edificios te transporta a la Edad Media y, finalmente, la gente, esa maravillosa gente que tiene una sonrisa y una palabra amable en cualquier circunstancia. ¡Qué distintos de los ingleses que conocimos en Londres¡

Después de desayunar en el mismo hotel (puedes elegir entre desayuno escocés y continental), nos dispusimos a sentir la nieve sobre nuestras cabezas. Primera parada la Iglesia de St. Giles, con una hermosa distribución, llamativo techo azul y la no muy antigua capilla de Thistle que tiene una mezcla entre un gótico clásico y unos muñegotes mangas reflejo de los diferentes clanes escoceses. El acceso es gratuito, mientras una urna te recuerda que no estará mal si les dejas alguna propina para el mantenimiento del edificio. Como anécdota, resulta llamativo encontrar sobres para donativos en los que puedes rellenar tus datos personales con el fin de que la iglesia remita la información al fisco y te desgrave en tu declaración de la renta.

Después no dirigimos al punto de encuentro de FreeTour, una organización que primero te hace la ruta y luego te pide que des un donativo en función de tu satisfacción por el trabajo realizado. Nuestro guía era Santi, un catalán que había estudiado filosofía, poco versado en el idioma inglés, pero como eramos todos españoles no había problema. Su vocabulario y su capacidad de comunicación nos encantaron y sirvieron para abrir boca de la belleza y de la historia de una ciudad que se antojaba impresionante.

Después de pasar los límites de frío tolerables viendo parte de la Royal Mile, el ayuntamiento (que sirvió para explicarnos el fuerte desnivel del terreno y porqué los edificios tienen por un lado tres o cuatro alturas y por otro hasta diez alturas) y ver el castillo por fuera (la parte interior es un homenaje museístico a los alardes militares del pueblo escocés) decidimos hacer un descanso en la excursión para tomar algo caliente en Grassmarket (alguna que yo me sé se tomó un wisky y le sentó de maravilla). Proseguimos con historias de ejecuciones, del pub "the last drop", la historia de la chica que tuvo un hijo soltera y fue ahorcada y sobrevivió, trabajando en un pub junto a la zona de ejecuciones de Grassmarket, subimos hacia un cementerio que hay frente al museo nacional (en southbridge) y allí nos contaron el calvario que pasaron los firmantes del Pacto de Escocia contra los ingleses en celdas sin techo y en silencio total bajo pena de muerte. La historia de los fantasmas que atacaron a unos americanos y alguna otras historia de unos adolescentes haciendo cosas obscenas con calaveras, de manera que ahora esa parte del cementerio está cerrada. La anécdota del cementerio la pone la lápida del Perro que durante 14 años esperó la vuelta de su dueño fallecido y que fue alimentado por los vecinos. Junto a la puerta del cementerio está un pub con el nombre del perrito, también una estatua nos recuerda la hazaña. Y todo esto no es más que una muestra de cómo un pueblo va creando sus mitos en relación a valores como la perseverancia ante la adversidad y la solidaridad de sus habitantes.

Volvimos hacia la Royal Mile pasando por la cafetería donde la ahora escocesa más rica escribió el primer libro de Harry Potter que, por cierto, tuvo que pasar por el rechazo de diez editores para que fuera finalmente aceptada su publicación (de nuevo la paciencia y la constancia fueron la clave del éxito).

La historia de dos inmigrantes irlandeses que se dedicaban a asesinar y vender los cuerpos para la investigación médica sirvió para dibujar el tétrico ambientes de los closes en las largas noches de invierno. Pero, claro, no era más que un negocio, te pagaban por un cuerpo recién fallecido tanto como un obrero obtenía de sueldo mensual trabajando catorce horas. Al final uno delató al otro, así que pagaron sus culpas, uno en la cárcel y otro volviéndose loco.

Finalizamos la ruta junto al National Gallery con unas vistas impresionantes de una estampa maravillosamente única del castillo nevado (al pie del monumento a Scott - el escritor). Pedimos a Santi que nos llevara a un pub a comer algo y nos llevó al otro extremo de Princess Street. A estas alturas ya habíamos entablado relación con una pareja de canarios (no pajaritos) Alber y Maru, que confirmaron una vez más la buena fama que tienen estos insulares y se convirtieron en nuestros aliados contra el frío en los dos días siguientes.

Tras comprar los tickets para el tour nocturno de los fantamas, nos fuimos a ver Princess Street donde, por supuesto, hay una tienda de Zara. Vimos tiendas, paramos en el Mercado Alemán con sus bebidas típicas y sus artesanías y, puesto que alguna no llevaba el calzado más adecuado, nos fuimos a un centro comercial a comprar unas buenas botas.

Tras un descanso en el hotel fuimos de nuevo a cenar con nuestros nuevos amigos haciendo tiempo para el tour. La ruta fantasmagórica nos habló del "puente de los suicidios", de las soluciones que ingeniaron los políticos, desde redes a vallas, y finalmente de una pegatina que decía "who care you?, We care. Samaritans". Fuimos a Carlton Hill donde vimos el Partenon inacabado, el observatorio que no se podía utilizar y una torre con forma de catalejo. Y lo mejor, las vistas de Edimburgo y del puerto, excelentes, porque estaba anocheciendo y la mezcla de luces naturales y artificiales resultaba casi sobrenatural, sobre todo si tenemos en cuenta que el blanco de la nieve intensificaba cualquier contraste.

Después de intentar bajar infructuosamente por algunas escaleras, decidimos buscar un camino menos peligroso y Santi nos llevó hasta un cementerio donde nos contó de nuevo historias fantasmales. Para mí lo más llamativo son las rejas de alquiler que se usaban durante unos días para evitar que los ladrones de cadáveres se llevaran los cuerpos antes de que se descompusieran para su venta a los primeros investigadores de la medicina.

En fin, un país el escocés de gente con mucha imaginación, con escritores famosos y con un sentido tribal y un poco mágico de la vida.

La guinda del tour fue una invitación a cerveza o vino en un pub del centro, que resultó ser el de nuestro hotel, así que nos tomamos la copita y nos fuimos a la cama bien calentitos. A ver qué tal resultaba el día siguiente, porque este había sido bien completito.

Cielo despejado y suelo nevado...bonito contraste

EdimburgoReino Unido — lunes, 7 de diciembre de 2009
Comenzamos con un desayuno en el Starback cercano al hotel y después nos dirigimos a ver el Hub, una iglesia convertida en Pub y zona de celebraciones de bodas, poco antes de la llegada al Castillo. Desde allí nos dirigimos al edificio del Museo Nacional, moderno, lleno de entrantes y salientes, con un diseño espectacular, que incluye en sus cinco plantas desde unas vistas espectaculares de la ciudad y del castillo hasta grandes espacios donde se explica de forma original el origen geológico de Escocia o te puedes encontrar con multitud de maquetas o una locomotora de tamaño real.

A continuación decidimos desplazarnos a la New Town (St Andrews Square). En un Pub que está justo en la esquina y decorado totalmente en azulejos a medida, comimos un roast beef con unas cervezas. Es curioso que cualquier pub en Edimburgo te puede ofrecer una comida bastante razonable y a precios competitivos. Continuamos nuestro periplo viendo algunas tiendas, después subimos a Carlton Hill y bajamos hacia Holyrood Palace, la vuelta al centro la hicimos por la Royal Mile, lo que nos permitió observar el original y un poco excéntrico diseño del nuevo Parlamento, seguimos viendo algunas tiendas donde me llamaron la atención los polos con escudos escoceses y las camisetas de los jugadores de rugby, que pueden ser un buen regalo para jóvenes. Sin bajar de la acera del Bank Hotel se puede entrar en el Laberint Pub (abajo a la derecha) que se ubica aprovechando algunas de las antiguas cuevas laberínticas que oradan el subsuelo de la Royal Mile. Cuando llegamos estaba en rehabilitación y sólo permitían el acceso al bar, pero fue fácil comprobar que tenía forma de habitaciones comunicadas con contínuos desniveles, tal y como se puede observar en Granada cuando visitas las cuevas del Sacromonte.

Hartos de monumentos decidimos visitas las famosas tiendas Jennifer (varios edificios unidos tipo corte inglés pero bastante más antiguos). La tarde finalizó con unos wiskies y una hambuguesa en al Woo-Doo pub. Un lugar con diversos ambientes, pub, café, zona de baile...

William Wallace y Stirling

StirlingReino Unido — miércoles, 8 de diciembre de 2010
Ya lo sé, que nada más levantarnos las noticias nos informaban de que Escocia estaba inmovilizada por la nieve, carreteras cortadas, gente aislada en sus coches, niños que pasaron la noche en el colegio... pero, qué carajo, somos turistas aventureros, así que nos fuimos para la estación de Waverley y compramos un billete para Stirling: tiempo estimado una hora... tiempo real casi tres horas....pero qué paisajes nevados¡¡¡, además en el tren se va bien calentito, así que llegamos a Stirling y nos dirigimos al castillo donde pudimos ver su salón de conmemoraciones, su enorme capilla y la parte museística con un toque muy militar y nacionalista. El palacio estaba en rehabilitación, pero lo que más nos llamó la atención fueron las impresionantes vistas en todas direcciones y el enorme cementerio de los alrededores. Y aunque te digan que es una de las mejores joyas renacentistas de Escocia, la verdad es que más bien se veían algunos tímidos toques de arquitectura renacentista... en fin, que para unos de Jaén, la verdad es que si a eso le llaman renacimiento que venga a ver Úbeda y Baeza.

 La vuelta fue algo más organizada, comimos en la cafetería de la estación y allí un escocés amable (como no podía ser de otro modo) nos dijo que esperáramos calenticos que él nos avisaba cuando el tren, que llevaba retraso, estuviese listo para partir...esto es algo que hacen con todos los viajeros. En fin, un servicio estupendo para evitar tener a la gente helada esperando en los pasillos.

A la llegada a Edimburgo  comprobamos que los retrasos y cancelaciones de trenes habían formado unas colas enormes a la espera de nuevos trenes para volver a casa. De nuevo algunas compras, vuelta al hotel y tras un descanso del guerrero, salimos para comer a la Pizzería Bella Italia que está justo enfrente del hotel, porque la verdad es que la noche no daba para mucho movimiento, sobre todo después del cansancio acumulado y de que ya nos quedaba poco o casi nada por ver. Finalmente tomamos el wisky de rigor en nuestro pub, subimos las escaleritas y a dormir, que mañana será otro día.

Conclusión: haggis, Kilt y gaitas?

EdimburgoReino Unido — jueves, 9 de diciembre de 2010
La mañana del último día la aprovechamos para hacer algunas compras y visitar la National Gallery, especialmente los cuadros de Rafael y algunos pintores españoles. Llama la atención que aparentemente todos los trabajadores del museo tienen algún tipo de minusvalía, lo que de nuevo recuerda el carácter integrador de la sociedad escocesa. Para las compras recomendamos la parte baja de la Royal Mile, donde puedes encontrar una amplia variedad de recuerdos "típicos", muchas de ellas con empleados españoles que aprovechan su estancia allí para mejorar el nivel de inglés.

La vuelta al aeropuerto la hicimos con el bus "airlink" que sale cada diez minutos desde Waverley. Una flotilla nueva, con cámaras para que puedas ver tus maletas mientras vas en la parte superior del autobús disfrutando del paisaje. En el aeropuerto la situación era tranquila, el vuelo se retrasó media hora y llegamos a Málaga donde nos recibían con los brazos abiertos 19º. La última imagen, por si no nos había impresionado Escocia, la tenemos grabada en la retina desde la ventana del avión: una puesta de sol única sobre un infinito suelo nevado...¡¡¡qué mejor estampa navideña para este año¡¡¡¡

Conclusión del viaje: los estereotipos del escocés son tan falsos como los del andaluz, ni se visten con kilt, ni están por las esquinas tocando la gaita, ni comen haggis un día sí y otro también. Es una sociedad abierta, que gusta de salir a la calle hasta altas horas de la noche, sonriente, acogedora, extrovertida y aparentemente feliz. La ciudad cumple con los requisitos que cualquier buen viajero busca: está cercana a un buen aeropuerto, tiene muchos museos, su centro histórico (patrimonio de la humanidad) está intacto, deja huellas inborrables en la memoria, tiene una ampliar oferta gastronómica y wiskinómica y puedes encontrar alojamientos bien situados a precios razonables.

Viso del Marqués, Ciudad Real y Castillo de Calatrava

En materia turística no hay que moverse muy lejos. A veces, algunas veces, el viaje es sólo un paseo a la vuelta de la esquina. Un conjunto de sensaciones visuales, táctiles, gastronómicas y de amistad que te envuelven de esa capa protectora necesaria para dar sentido a una vida, por lo demás, demasiado rutinaria.
En este caso, hemos visitado un palacio de la Armada en la Mancha, hemos conocido los procesos de producción de quesos y vinos, hemos aprendido el maridaje y visto un Castillo

Punto de encuentro: Casa Pepe y... directos para el Viso del Marqués

Viso del MarquésEspaña — sábado, 5 de marzo de 2011
Cuando el grupo es numeroso y la procedencia dispersa, como es el caso, convenía quedar en un lugar conocido y de fácil acceso. El Riesgos, que en este caso era el organizador, optó por convocarnos en Casa Pepe, un lugar conocido por la militancia ideológica del dueño y por la cantidad de reliquias que alberga, pero, para nosotros era un lugar donde el servicio es bueno y se puede desayunar bien junto a una chimenea.

La asistencia fué puntual y en poco rato habíamos retomado la marcha hacia un lugar de la Mancha donde se encuentra lo que ha sido durante muchos años un edificio de la Armada: el Palacio del Viso del Marqués, que fue edificado por un invicto almirante de la Armada, llamado Álvaro de Bazán. Un caballero de ascendencia navarra, de familia marina (su abuelo fué almirante con los Reyes Católicos, su padre con Carlos V y él con Felipe II) y perteneciente a la poderosa Orden de Santiago. Gozó de los favores reales debido a sus éxitos militares (precísamente cuando murió estaba preparando la partida de la Armada Invencible). Su capricho fué edificar un palacio de planta cuadrada con un amplio patio interior porticado, traerse a una familia italiana de pintores genoveses, y decorarlo con motivos de sus victorias y los fanales que requisaba de las naves capitanas de las armadas vencidas, así como escenas mitológicas del imperio romano que sus pintores italianos conocían muy bien.

El edificio tiene dos alturas y contrasta notablemente la austera visión del exterior enladrillado, plano y con pocos ventanales, con la elegante apertura de habitaciones hacia el soleado patio interior. El edficio sobrevive de milagro a desastres naturales como el terremoto de Lisboa y a otros humanos como su abandono durante la Guerra Civil, su utilización como granero y la pérdida de muchas de sus pinturas que, para mí, no son preciosistas, pero al menos son únicas e históricas. Finalmente, la Armada se hizo cargo de la restauración en los años 50 y, aportando mobiliario y algunas preciosas maquetas de barcos, lo ha convertido en una especie de isla arquitectónica e histórica que sobresale en muchos kilómetros a la redonda. La familia Bazán conserva la propiedad a cambio de una peseta anual y del privilegio de contar con una habitación para poder alojarse en cualquier momento. Queda mucho por restaurar, pero sin duda constituye un emplazamiento ideal para saborear un trozo de la historia de nuestros antepasados en aquellos tiempos en que "no se ponía el sol en nuestro reino".

Y ya que estábamos, quién no se acerca a la iglesia de al lado y se deja informar por un Sacristán voluntarioso de 85 años que termina tocándonos algunas canciones en el órgano y nos muestra el cocodrilo disecado que hay en una de las paredes laterales.

Desde la oveja al rico queso manchego...Tomamos las de Villadiego

Ciudad RealEspaña — sábado, 5 de marzo de 2011
En la mezcla está la virtud, así que decidimos apropiarnos de los olores y sabores genuinamente manchegos. Para ello nos dirigimos a una hacienda-aldeilla llamada la Poblachuela, sita en el paraje de Villadiego y que cuenta con una ganadería ovina de 5000 ejemplares, 25 trabajadores y unas pocas hectáreas que producen más de 250.000 kilos de artesanal queso manchego en sus variedades de semicurado (3 meses), curado (6meses) y añejo (12 meses): la Quesería Villadiego, cuyo encargado nos mostró gentilmente todos y cada uno de los pasos que sigue la leche hasta que se convierte en este ingenioso e inigualable producto manchego.

Calidad, ordeño diario, higiene y control son los parámetros de una industria compleja que requiere dedicación y gente enamorada. Finalmente, compramos algunos quesos con buena relación calidad-precio y nos dirigimos al centro de Ciudad Real para tapear, comer y tomar café. Las tapas en el Bar Miami, la comida en el Bar España y los pastelitos y el café en la pastelería La Deliciosa, ésta última en la misma plaza del ayuntamiento. Desde allí iniciamos después la corta visita al centro de Ciudad Real. A saber, la catedral, el reloj de la plaza del ayuntamiento que muestra a cervantes, al quijote y a sancho a las horas en punto y alguna que otra plaza.

El último paseo en busca de los coches para dirigirnos hacia la Bodega-Restaurante-Hotel Pago del Vicario.

El Pago del Vicario: el presente de la industria manchega del vino

Ciudad RealEspaña — sábado, 5 de marzo de 2011
La Bodega-Restaurante-Hotel Pago del Vicario se presenta a lo lejos como una amplia superficie de viñedos reticulada y compartimentada en distintas variedades de uva y separada por un rio serpenteante de una zona de caza salteada de encinas centenarias. En el centro de este paraje y en una colina se ubica el hotel y la industria vinícola aprovechando el aterrazamiento del terreno para magnificar los espacios y la presencia de luz. Un edificio que, a lo lejos, asemeja un catalejo de tonos óxidos y, cuando estás dentro, se muestra como una sucesión de gigantescos barriles de madera superpuestos.

Carlos, el gerente del complejo, nos esperaba y, tras tomar posesión de nuestras habitaciones funcionales y modernas, se ofreció a mostrarnos los intestinos del proceso productivo. Limpieza, higiene y control son los parámetros de un proceso de una mediana industria vinícola que produce casi un millón de litros de vino, del cual se exporta el 60%, a lugares tan variados y entendidos como california o singapur.

En dos meses recogen la uva a 20 toneladas diarias, eligiendo mediante controles "in situ" de un laboratorio portátil de análisis espectográfico aquellos racimos que se encuentran en el momento idóneo. Clasificada por variedades, se recoge a partir de las seis de la mañana para aprovechar los momentos de mayor frio del zumo. A partir de aquí se traslada a la tolva, se exprime y se introduce en barriles de acero refrigerados (a distintos grados en función de la variedad recolectada).  Se retiran los posos y se procede a la fermentación del mosto. Más adelante se almacenará en barriles de roble americano, francés o caucásico y, finalmente se embotellará. Todo en unas cavidades refrigeradas y con baja exposición a la luz.

Y el último paso de todo este proceso es la cata del caldo. En esta ocasión nos ofrecieron un vino blanco producido por esta bodegas en El Bierzo. Excelente elección. Y sin solución de continuidad, nada más que subir unas escaleras en espiral y llegamos al restaurante, desde el que se podían observar algunos de los barriles y embotellados. El restaurante es un espacio abierto, acristalado y moderno.

A la hora de la cena la gran mesa estaba preparada. Un muestrario de copas y cubiertos para cada comensal que, poco a poco, demostraron que no estaban de adorno. El maridaje fué imparable: un vino y un plato, unas risas y unas fotos, y vuelta a empezar. Brindis, vinos, consomé, pescado, cordero y dulces. Y, para garantizar un intercambio enriquecido de conversaciones, aislamos a cada uno de sus respectivos congéneres. Finalmente, un digestivo y vuelta, en armonía, al hotel (veinte pasos más allá).

En fin, un día inolvidable en todos los aspectos, aunque el mejor es el que no se ve: una ocasión más para estrechar lazos de amistad.

Del Pago al Castillo de Calatrava y vuelta

La Calzada de CalatravaEspaña — domingo, 6 de marzo de 2011
Nuestros temores de que el maridaje de la noche anterior pudiera producir cierto malestar corporal, se difuminaron al día siguiente, porque todos nos encontrábamos bastante bien. Bueno, tal vez un poco sedientos.....

El desayuno de tostadas con aceite, tomate y jamón, el café y los zumos, fueron suficientes para recargar las pilas de cara al último día del viaje.

Antes de dejar el hotel nos dispusimos a dar un buen paseo a pie por la finca, disfrutar del fino aire invernal, del paisaje contrastado entre las encinas y las viñas, separadas por el rio, y de las vistas de la arquitectura de la Bodega desde el horizonte.

Algunas fotos para el recuerdo y, de nuevo, puesta en marcha en dirección al Castillo de Calatrava. Un impresionante enclave a modo de ciudadela autosuficiente, capaz de albergar a un amplio grupo de habitantes y ubicado en uno de los más importantes pasos naturales entre Andalucía y La Mancha. Merece la pena pasear por las murallas, subir a lo más alto y tratar de imaginar cómo era la vida de estos seres medievales que conquistaban y eran reconquistados cada pocos años. Y todo ello con órdenes de caballeros como El Cister, que luego dió pie a la Orden de Calatrava. El rey daba privilegios y propiedades, y los más aguerridos ocupaban los puestos de frontera.

Y si alguien piensa que esto habia terminado, no puede imaginarse que nuestros organizadores nos deparaban una im-presionante comida en una casita rural de Venta de Cárdenas, en la que pudimos disfrutar de la mejor gastronomía manchega (desde gachas-migas hasta la flor de calatrava, pasando entre otras cosas por el queso y el vino manchego). La comida fue amenizada por el brindis de una representante del clero y por las vistas y el aroma de las inmediatas estribaciones de Sierra Morena.

No nos quedaba más que dar efusivamente las gracias y volver a nuestra rutina, a la espera de que otra alma se apiade de nosotros y organice un nuevo viaje, pongamos por ejemplo.... a Rota, a Madrid o a Cabo de Gata.

Galicia en tres días

Pasar el último finde de febrero en Galicia aprovechando la conexión aérea de Málaga-Santiago parecía una buena idea. Los conflictos internacionales, sobre todo en el norte de África, nos desanimaron de otros destinos. ¿qué esperábamos? al menos buena gente y buena comida. Pero había mucho más



De la costa del Sol a la costa de la Muerte

Santiago de CompostelaEspaña — domingo, 27 de febrero de 2011
Desde nuestra base logística en la playa de Almuñécar, salimos sobre las cinco de la mañana, paramos en El Ingenio para llenar el depósito y llegamos al parking S. Isidro sobre las 6 de la mañana. Inmediatamente nos llevaron al aeropuerto, donde descubrimos que íbamos con el tiempo justo, porque en contra de nuestras previsiones, la cola del control de pasaportes era bastante numerosa. No obstante, llegamos con tiempo suficiente a la puerta de embarque de Ryanair, donde ya estaban comenzando el embarque. Después de contar al menos cinco o seis veces al personal embarcado en el avión (debían de tener algún problema de contabilidad), iniciamos el viaje con unos quince minutos de retraso. El vuelo costó unos 75€ ida y vuelta por pareja.

El vuelo transcurrió sin incidencias remarcables, salvo una niña caprichosa y un poco ruidosa a la que la madre no logró poner en su sitio hasta unos minutos más tarde. Llegamos a Santiago de Compostela sobre las 10 de la mañana. Tomamos nuestro autobús en dirección al hotel Eurostar San Lázaro (unos 55€ por noche), que estaba a menos de 10 minutos del aeropuerto y a cinco minutos de Santiago. Una vez que dejamos nuestras maletas en el hotel, nos dirigimos de nuevo a la parada de autobús para coger en número 6 en dirección a Santiago. Allí comenzamos por un paseo por el parque de la Alameda.

La primera impresión es la de una ciudad gris, sin balcones (imagina el contraste con mi tierra andaluza, luminosa y de casas abiertas al exterior). En fin, una sensación adocenada, de falta de colorido y vitalidad en las fachadas y en el aspecto general de la ciudad. La parte histórica da la impresion de no haber cambiado en los últimos cinco siglos, lo que te hace sentirte viajando en el tiempo. La gente es sorprendentemente amable y cálida, aparentemente poco estresada y de buen carácter, en todos los lugares de Galicia, sin excepción.

Nuestros primeros pasos los dirigimos hacia la Catedral, la Plaza del Obradoiro se abre impresionante, después de haber pasado por varias plazas cuadradas donde también son llamativas las flores de colores de los árboles que dan sombra a algunas de ellas.

La plaza está rodeada por la fachada del Ayuntamiento, el antiguo hospital de los Reyes Católicos (ahora albergue) y la fachada de la catedral. El interior de la Catedral es un poco decepcionante desde el punto de vista arquitectónico, poco luminosa y da la sensación de haber sido hecha a trozos. Es posible hacer fotos y videos, incluso escuché a un cura dando una bendición en inglés, lo que da idea de la reciente apertura de cara al turismo. Es posible acercarse a tocar la "chepa" del Santo y bajar al lugar donde reposan sus restos, e incluso coger algunas estampas bendecidas.

Las plazas de los alrededores en todo el caso antiguo son similares, una fuente con cuatro chorros, coronada por cristo crucificado, piedra de cantera por todos lados y pequeñas tiendas de objetos turísticos o productos gastronómicos que parecen estancadas en los años sesenta. Incluso los dueños son personas de avanzada edad, pero siempre muy amables. Tuvimos la suerte de disfrutar de un día soleado con poco viento, lo que nos permitió deslizarnos con suavidad por las silenciosas y cosmopolitas callejuelas.

El edificio público en planta más grande de Galicia y posiblemente el tercero de España (recordemos que el primero es el Escorial) está a la izquierda de la Catedral y se llama San Martin de Pinario, consta de caballerizas en la parte baja, hospedería, albergue, museo, etc. Merece la pena visitarlo e imaginar el poderío económico que ciertas órdenes religiosas llegaron a acumular al final de la Edad Media.

Otro aspecto que llama poderosamente la atención es la limpieza de las calles, ni siquiera se ve un clicle pegado en el suelo, algo que contrasta con la mayoría de los espacios públicos en el sur de España.

Para comer elegimos un bar situado entre el casco antiguo y con vistas a la Alameda. El trato fue excelente, así como los vinos, el pulpo, los mejillones, las gambas....etc. Aunque muchos gallegos preferían las mesas de terraza, nosotros preferimos una zona acristalada y regada por el sol en el interior del bar.

Después del largo viaje, el amplio paseo y la bien regada muestra gastronómica, decidimos volver al hotel para echar la típica siesta andaluza. La tarde nos permitió volver a Santiago para terminar de disfrutar de las zonas peatonales y profundizar en nuestra investigación gastronómica de los productos galegos.

El casco antiguo de Pontevedra

PontevedraEspaña — lunes, 28 de febrero de 2011
Siguiendo con nuestra rutina de uso del transporte público, después de un desayuno copioso, nos dirigimos a la Estación de Autobuses para tomar uno destino a Pontevedra de duración 45 minutos (unos 6&eur . El camino nos mostró una Galicia intercalada de bosques imposibles de cruzar y zonas roturadas por el hombre, con espacios verdes, viñas y casas rurales bastante sobrias. No se observan grandes espacios de cultivo como en Castilla, y tampoco animales sueltos, la vida rural está más definida por las granjas y los minifundios.

La orografía del terreno, lleno de montículos pero escaso de montañas, no permite hacerse una idea fácil de una ciudad cuando te acercas. Así, Pontevedra parecía una desorganizada sucesión de casas y espacios verdes, una especie de lucha permanente entre la urbe y la espesa vegetación selvática.

La estación de autobuses de Pontevedra da la sensación de estar lejana del centro pero, cuando paseas un poco, descubres que esta pequeña ciudad es idónea para pasear. En pocos minutos te encuentras en el casco histórico (declarado conjunto histórico en 1951), sencillamente hermoso, limpio y acogedor. Vimos, entre otras, la casa donde vivió Valle-Inclán y disfrutamos de sus hermosas callejuelas. Esta ciudad, al igual que Santiago, abre su casco antiguo a un Parque de la Alameda y se muestra plácida y abierta al visitante.

Después de disfrutar de sus calles perfectamente enlosadas y rodear el casco por la zona de la Ría, decidimos entrar en uno de los restaurantes para saborear los productos de la zona. El bar nos permitió saborear una buena cantidad de tapas a unos precios más que razonables.

A la tarde optamos por desplazarnos a la emblemática población de Combarros. Un precioso enclave, patrimonio histórico, plagado de horreos, cristos crucificados en cada plaza, bañado por la marea del Atlántico, rodeado de barcazas coloristas y lleno de gente amable y sonriente.

Volvimos en autobús a Santiago y tuvimos tiempo de cenar de nuevo en un casco histórico lleno de estudiantes universitarios.

A Coruña: La costa de la Muerte

La CoruñaEspaña — martes, 1 de marzo de 2011
Del mismo modo que el día anterior, aprovechamos para ir en autobús y volver en tren. El tren es, sin duda, más cómodo, y los precios son similares.

La Ciudad quiere dar una imagen de modernidad y de ecologismo, tiene bastantes vías para bicicleta y un tranvía que, sorprendentemente, sólo funciona los fines de semana en invierno. El autobús te deja junto al Corte Inglés, y desde allí puedes pasear bordeando el puerto hasta el casco antiguo (bastante limitado en comparación con Santiago o Pontevedra), donde sobresalen las fachadas blancas y acristaladas frente al puerto. Lo único remarcable de la ciudad vieja es la Plaza María de Pita, donde se enclava el magnífico edificio porticado, blanco y balconado del Ayuntamiento.

Después nos hemos dirigido hacia la torre de Hércules, único lugar de Galicia donde nos ha llovido, y de lo lindo, aunque sólo fueran diez minutos. Ahora entiendo lo de costa de la Muerte, no cuesta trabajo imaginar lo que pasarían los barcos que cruzaran esta zona en medio de una tempestad.

Abandonamos la península, donde se ubica el faro en activo más antiguo del mundo, por la playa de Riazor. Las arenas son claras pero el agua invita a observarla, pero pocos días del año podrán bañarse en este océano.

El resto de la ciudad no deja imágenes imborrables de lugares únicos, más bien responde a un proceso de crecimiento de una burguesía comerciante durante siglos. En síntesis, la ciudad más moderna de Galicia, pero carente de verdaderos atractivos turísticos, en mi opinión.

En suma, el tiempo acompañó, la comida fue excelente, el vino me gusta menos, y la gente desprende amabilidad por doquier. Ahora bien, eso de volver a Málaga y tener que ponerte en manga corta nada más llegar es un verdadero lujo en estas fechas.