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viernes, 3 de julio de 2009

Fin de Semana en Londres (julio de 2009)

Primera sorpresa al llegar casi a las 24:00 al aeropuerto de Stanted, que aunque el Hotel se ve desde la Terminal, tenemos que coger un taxi. Los taxis no son de libre acceso, tienes que ir a una especie de oficina donde toman nota del destino y del número de personas. Al cabo de media hora nos llaman nos entregan un número y nos dicen que vayamos a la cola de los taxis. Una pareja de madre e hija inglesas nos piden compartir el taxi para no tener que esperar más, puesto que van al mismo hotel, aceptamos. Al final, nos invitan por el detalle (5 &). El hotel Holiday Inn es totalmente nuevo, moderno, con excelentes calidades y un precio por habitación doble inferior a 50€ incluido desayuno. Resulta llamativo que la puerta del baño es, a la vez, la puerta del Bater, de forma que cuando el baño está cerrado puedes usar el Bater sin puerta, cuando el baño se abre porque entre alguien, la misma puerta cierra el bater y permite la cohabitación de dos personas en el baño con un mínimo de intimidad. Excelente idea.

El sábado por la mañana nos levantamos sobre las siete para bajar a tomar el Breakfast. Acto seguido tomamos el autobús del hotel hasta el Aeropuerto y de allí tomamos el transfer hasta Liverpool Station, que está en el distrito financiero y muy cerca del Gherkin.

El Underground de Londres tiene líneas que no deben haberse tocado desde la Segunda Guerra Mundial. La sensación es como el metro de N.York, un poco desastroso, oscuro, viejo y mal ambientado. Compramos un billete para dos días que nos permite tomar el metro cuantas veces queramos. El precio son 27&, lo que supone unas 7 por persona y día, y resulta mucho más económico y rapido que tener que comprar un billete en cada momento.

Los hoteles, taxis y autobuses te dan la sensación de que estás fuera de Inglaterra, porque no ves más que paquistaníes, indios y algún que otro italiano o sudamericano.

Nuestro destino es la Estación de Metro de Tothenham, que está al lado del CentralPoint (un edificio alto a modo de pequeño rascacielos). Nuestro hotel está a 100 metros (St. Gil Hotel). Hemos elegido el hotel fundamentalmente por la ubicación, ya que está cerca del Barrio chino, del Museo Británico y de Picadilly.

Londres es una ciudad de edificios de cuatro o cinco plantas y no tiene el perfil o Skyline de cualquier gran ciudad. En el hotel encuentras la Holly Bible y las paginas amarillas, caja fuerte, aire acondicionado, bañera en lugar de plato de ducha y un cierto toque antiguo. Por supuesto, su cafetera para que te puedas hacer tantos cafés como quieras... estamos en Inglaterra.

Lo primero que hacemos es ir a ver el Museo Británico con una impresionante cantidad de salas temáticas y piezas. Sorprende por la cantidad, calidad y tamaño de muchas de las piezas. Las egipcias son muy numerosas, incluyen momias humanas y de animales domésticos, pero las asirias son preciosas y qué decir de las griegas, japonesas, de la isla de Pascua, etc...etc. Lo mejor es alquilar una Audiobook e ir escuchando la información de cada sala a tu ritmo. La impresión es fuerte porque supone una lección de historia universal y, a cada paso, puedes ver las piezas uyas fotografías observaste con atención cuando estudiabas en la escuela (momias, piedra roseta, murales, mosaicos, ...). Es sorprendente la cúpula de cristal que protege el patio interior del Museo, el resultado es una piedra de fachada blanca y pulcra, protegida de la fuerte contaminación que tizna las fachadas de los edificios del resto de la ciudad.

Después de comer, en una especie de haburguesería típica, unas pizzas y unas cocacolas, tomamos el metro en dirección a Candem Market. Un lugar bohemio, lleno de gente variopinta, que rompe con el estilo urbano tradicional llenando las fachadas de grandes figuras (perros, serpientes, escorpiones, cocodrilos...). Buen sitio para hacerse un tatuaje, comprar regalos y disfrutar paseando por un mercadillo tras otro. Los canales que surcan la zona son muy refrescantes y la gente se sienta en las orillas a disfrutar de un día soleado o se toman algo en un barco restaurante, si hay suerte, como es nuestro caso.

Siguiendo el canal en una y otra dirección se encuentran barcos viviendas y edificios muy variados. Las exclusas para salvar las diferencias de nivel del terreno son muy interesantes por su sencillez y efectividad.

Caminamos siguiendo el canal en dirección oeste y llegamos a un parque enorme rodeado de bonitas mansiones. Allí descansamos tumbados en el cesped viendo a la gente pasear sus animalitos, jugar a la pelota, pasear en bicicleta o leer un libro.

Finalmente, vuelta al metro y llegamos al hotel, cenamos y a la cama a las 9 de la noche.

El domingo nos levantamos a las 7 de la mañana, bien descansados. El día pinta nublado, no hay ni un gato en la calle, nos vamos al McDonald (único que estaba abierto), encontramos algunos frikies que parecían no haber dormido en toda la noche. El día sin lluvia nos animó a tomar el tren en dirección a wimblendon, aprovechando que es la final masculina. La estación está a casi una hora, está totalmente decorada como una pista de tenis. La ciudad es muy bonita y las casas de alto standing. Pero resulta curioso ver cómo unas casas de más de 1 millón de euros con varios coches de alta gama en la entrada, alquilaban el espacio de aparcamiento a los turistas por 20 libras al día. Y además podías ver a la dueña de la casa sentada en una silla esperando algún cliente. Eso en España sería impensable, que una persona con ese nivel de vida se proponga hacer un negocio tan ridículo como alquilar dos o tres plazas de parking por un solo día.

Las colas para llegar a la entrada de la pista central eran tan grandes, que grupos de voluntarios repartían bebidas para hacer más llevadera la espera.

Después de dar un buen paseo por la zona, cogimos el metro y nos apeamos en Victoria Station, donde vimos las tiendas de Buckinham Palace, con unas porcelanas y artículos anacrónicos y, en mi opinión, de dudoso gusto. Vamos, que no compramos nada. Vimos el cambio de guardia. A la izquierda está el Green Park y al frente el St James. Optamos por el segundo y nos encantaron sus lagos y zonas verdes, atravesando llegamos a la zona de edificios oficiales, como el Foreing office y Downing Street. Allí vimos otro cambio de guardia a pie y a caballo. Las dos garitas a ambos lados de la entrada tienen cabida para el hombre a caballo y el cambio se realiza cada hora. Tomamos dirección a Trasfalgar Square, paramos en un famoso Pub (the Old Shades) para tomar las típicas fish and ships y después vimos el National Gallery, cuyo acceso es gratuito.

Después de descansar junto a la fuente, nos pusimos en marcha hacia el 10 de Downing Street, que al contrario de lo que parece no es una calle cualquiera, sino una zona acotada, supervigilada y con una salida trasera sólo para vehículos oficiales. En fin, una manzana palaciega con forma de grupo de casas. Acto seguido nos dirigimos a ver el Parlamento con su famosa torre del relog y Westmister, sólo por fuera. Sin prisa, pero sin pausa tomamos un ferry desde el Parlamento que nos lleva por el Támesis hasta el London Bridge. El paseo permite ver el sky line de Londres, la Catedral de San Pablo, el London Eye, la Torre de Londres, etc. En cualquier otro lugar de Europa sería inconcebible que cojas un crucero turístico y no hablen en ningún otro idioma que el inglés. Yo creo que esto no ayuda para nada al turismo. El año pasado en Coopenhage, en Viena o en París, pudimos ver como se preocupaban por hablar dos o tres idiomas. Aquí ni siquiera reducen la velocidad de la conversación para facilitarte que les entiendas. Se siguen creyendo el ombligo del mundo.

Desembarcamos junto a la Torre de Londres, famoso castillo fortificado utilizado como prisión real durante muchos años, ahora museo real. Desde allí nos dirigimos hacia la enorme Catedral de San Pablo, aprovechamos para cenar en un restaurante francés que está justo enfrente y que tiene un aspecto muy elegando. Por algo es hoy el cumpleaños de Fina.

Después nos dirigimos hacia el puente del milenio, pasando previamente por una calle donde se puede ver un piano de madera que puede tocar cualquiera. Al otro lado del puente vemos el Teatro de Shakespeare y vuelta para el hotel. Esa noche intentamos ir a un teatro y nos informaron de que los domingos cierran todos los teatros en Londres... así que nuestro gozo en un pozo.

El lunes, como es el último día nos dedicamos a ver el Barrio de Picadilly, con sus teatros y musicales, el extraordinariamente bien conservado barrio chino (nada cutre), después fuimos a Regin Street que se parece a la Gran Vía madrileña con las mejores tiendas de Londres. Pasamos por Carnavy llena de centros comerciales y pequeñas tiendas. En fin, el tiempo fue bueno y el día se prestaba a hacer algunas compras para la familia y amigos. La Galería de tiendas de Trocadero junto a Circus es muy peculiar.

Sobre la una recogimos todo del hotel y nos fuimos en metro a Liverpool Station, allí comimos en uno de los típicos bares de la franquicia con estilo español "Tapas". Después cogimos de nuevo el transfer a Stanted y de vuelta a Granada. Nada de retrasos, así que bien por Ryanair.

En suma, un buen fin de semana de tres días, con una suerte estupenda en cuanto al tiempo y con los pies doloridos propios de unos turistas curiosos que quieren verlo todo.

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